Ciencias Agropecuarias y de Alimentos

Pandilla Kids (3ro., 4to., 5to. y 6to. Año de primaria)

PK-51-CAA SPRAY PRESERVADOR DE FRUTAS

Asesor: Zayda Maya Solis

Autor: Karla Valentina Hernandez Paz

Resumen

Debido a los problemas que enfrenta nuestra sociedad desde hace años con la desnutrición, la escases de alimentos en la sierra de nuestro país y el desperdicio de frutas y verduras en mercados y súper mercados es necesario desarrolla un spray que nos ayude a preservar los alimentos (frutas y verduras) en buen estado para poder ser distribuidos en zona marginales donde se deriven principalmente los problemas antes mencionados.

La desnutrición eleva la mortalidad y morbilidad materna e infantil. Si una mujer la padece durante el embarazo, el crecimiento en talla y peso del feto disminuye y se incrementa la probabilidad de que nazca con bajo peso, situación que incrementa el riesgo de morbilidad, mortalidad infantil y desnutrición durante la vida entera, y entre mujeres eleva la probabilidad de reproducir el fenómeno en la siguiente generación. Por consiguiente, conocer e invertir para proteger el crecimiento fetal y el de los primeros años de vida no sólo mejora el estado nutricio de niños y madres, sino que es central para la prevención de la mala nutrición a lo largo de la vida y futuras generaciones, e indispensable para el desarrollo del capital humano

Pregunta de Investigación

¿Cómo funciona el spray preservador?

Planteamiento del Problema

Debido al exceso de desperdicio de frutas y verduras a nivel mundial y sobre todo nacional, es necesario hacer que los alimentos se preserven durante más tiempo.

Antecedentes

La desnutrición infantil tiene orígenes complejos que involucran determinantes biológicos, socioeconómicos y culturales. Sus causas inmediatas incluyen la alimentación inadecuada en cantidad o calidad, la incidencia de enfermedades infecciosas y el cuidado impropio del niño, del cual depende su adecuada alimentación y salud. Éstas son, a su vez, el resultado de una inapropiada disponibilidad de alimentos, de servicios de salud, de educación, así como de una infraestructura sanitaria deficiente (causas subyacentes). Asimismo, éstas, a su vez, son consecuencia de inequidad en la distribución de recursos, servicios, riqueza y oportunidades (causas básicas) (UNICEF, 2008).

● Desnutrición en México

A pesar de que en los últimos 20 años en México se ha observado una disminución en los diferentes tipos de desnutrición infantil, la prevalencia de baja talla continúa siendo un grave problema de salud pública en menores de cinco años de edad. Actualmente en México, 1.5 millones de niños de esta edad (13.6%) sufren de desnutrición crónica (baja talla para la edad) (GUTIÉRREZ et al., 2012). Ésta, evaluada por indicadores como bajo peso para la edad, se ubica en 2.8%; es decir, 280,000 niños la padecen, y evaluada por el indicador de peso para la talla, en 1.6%, lo cual indica que aproximadamente 174,000 niños la presentan (RIVERA et al., 2013) (Figura 1).

 

Desarrollo rural y crisis alimentaria en México A lo largo de varias décadas el gobierno mexicano debilitó la infraestructura, investigación y financiamiento agrícola y colocó al campo y a millones de pequeños productores en una situación de quiebra productiva y marginación social. El rápido incremento de los precios internacionales de alimentos a nivel mundial, principalmente de los productos lácteos y de los cereales, ha resultado desastroso para el derecho a la alimentación de las mexicanas y los mexicanos. Las “políticas de ajuste estructural” aplicadas en México y en numerosos países en las últimas décadas han provocado un descenso del ingreso real de amplios sectores de la población que ven así reducido su acceso a los alimentos. Así, el hambre tiende a afectar una capa creciente de la sociedad debido al drástico descenso de su poder adquisitivo de bienes y servicios, especialmente alimentos. En México, desde 1983 se han instrumentado de políticas de ajuste estructural. En el sector agropecuario, estas reformas comprendieron un proceso de liberalización cuyas vertientes principales fueron: 1) la severa reducción de la participación del Estado en la promoción del desarrollo económico sectorial; 2) la apertura comercial unilateral y abrupta que —realizada a marchas forzadas a partir de 1984— remató en la inclusión completa del sector agropecuario en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; 3) la reforma de la legislación agraria que suprimió el carácter inalienable, inembargable e imprescriptible de la propiedad campesina ejidal y comunal, instituido por la Revolución mexicana, abriendo múltiples vías para el comercio de tierras y la concentración agraria11. Los promotores y ejecutores de las “reformas estructurales” suponían que este programa liberalizador —que dejaba a los agentes privados y a las fuerzas espontáneas del mercado la libre asignación de los factores productivos— conduciría al incremento de las inversiones de capital en la agricultura, a la elevación de la eficiencia y al desarrollo de la producción de alimentos y materias primas agropecuarias.

Ninguna de estas previsiones se cumplió. Puesto que los alimentos se compran y se venden en el mercado y en ellos gastan gran parte de sus ingresos los sectores económicamente más débiles, es por tanto evidente que el hambre se debe no sólo a la escasez de alimentos sino, fundamentalmente, a la insuficiencia de ingresos. La existencia de un elevado nivel de desempleo y de subempleo tiene, en este contexto, una estrecha relación con los elevados índices de desnutrición que los caracterizan

El repliegue del Estado de la agricultura mexicana dejó vacíos institucionales que el sector privado no ha colmado o en las que únicamente ha creado monopolios locales. La retirada del Estado y la reestructuración y la liquidación o contracción de las instituciones públicas, otrora muy presentes e interventoras, han tenido efectos adversos, en especial para los pequeños y medianos productores, en el acceso al crédito, a la asistencia técnica agrícola (incluso se observa una regresión tecnológica de la agricultura campesina), a los mercados y a los centros de acopio, y también en la investigación científica y tecnológica13, situación que ha debilitado los mercados de crédito, seguros, servicios agropecuarios y productos finales. La aplicación de estas políticas ha originado la disminución drástica de los subsidios a la producción, la eliminación de los precios de garantía, el retiro del Estado de la compra de cosechas y el abandono de su papel como administrador de empresas que intervienen directamente en el proceso productivo. La apertura comercial y la disminución del rol estatal han creado un marco desfavorable para la producción agropecuaria. La importación de alimentos y materias primas baratas ha reducido la rentabilidad y ha agudizado la competencia en los mercados domésticos de granos, oleaginosas, lácteos y carnes. Al mismo tiempo, los apoyos y subsidios gubernamentales a la producción han descendido en términos generales, reforzando el descenso de la rentabilidad del sector. El impacto de las políticas públicas sobre el empleo, los salarios y el ingreso familiar ha sido negativo. Se han puesto en marcha programas sociales orientados a compensar la disminución del ingreso real por habitante, pero han sido insuficientes. El resultado neto ha sido un aumento de los niveles de pobreza rural, que eran ya altos, durante los últimos años. La mayoría de los indicadores sociales muestra un deterioro en el sector rural. Los subsidios a la producción mediante la venta de fertilizantes y agua de riego, a precios inferiores a sus costos de producción, de crédito subsidiado y de servicios técnicos gratuitos, han sido drásticamente disminuidos, cuando no cancelados. Diversas empresas paraestatales, que antes tenían una participación importante en la compra y distribución de insumos y productos, han desaparecido dejando vacíos que no ha llenado rápidamente el capital privado. Algo similar ha sucedido con instituciones de financiamiento y aseguramiento agrícolas. Estas políticas se tradujeron en aumentos de los costos de producción superiores a los precios de los productos agrícolas, en la mayoría de los casos, lo cual ha provocado una caída en la rentabilidad de las actividades agropecuarias14. La apertura comercial unilateral y abrupta, que de manera recurrente se ha combinado con una política de peso fuerte que utiliza el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria y desemboca en sobrevaluaciones crecientes de nuestra moneda, provocó —conjuntamente con la supresión del sistema de precios de garantía o soporte, que había sido instituido en nuestro país bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas (poco después de ser instituido en Estados Unidos mediante la Ley Agrícola de 1933, cuyo contenido se mantiene esencialmente vigente en la Ley Agrícola 2002-2007)— un abrupto descenso de los precios reales de los productos agropecuarios en los que México tiene notorias desventajas competitivas (los cuales pasaron a regirse por los precios internacionales). En el trienio 2002-2004, los cultivadores de maíz (sumando al precio de venta el subsidio del 13 Dirven, Martine. “El papel de los agentes en las políticas agrícolas: intenciones y realidad”, Revista CEPAL núm. 68, agosto 1999, p 71. Banco Interamericano de Desarrollo. “Evaluación del Programa de País (CPE): México, 1990 – 2000”, BID, 2001. 14 CEPAL “Efectos sociales de la globalización sobre la economía campesina, julio de 1999. 46NÚM. 18, MARZO 2012 Crisis alimentaria en México. Algunas propuestas Procampo equivalente por tonelada, instituido en 1993 como un instrumento para compensar el deterioro de precios derivado de la liberalización comercial en el TLCAN) perdieron el 50.3% del poder adquisitivo de su grano respecto al trienio previo al experimento neoliberal; los agricultores trigueros vieron esfumarse el 49.6% del poder adquisitivo de su grano durante el mismo lapso; los cultivadores de frijol perdieron el 45.3% de su poder de compra; los productores de soya perdieron el 49.7% de su ingreso real por unidad de producto, etcétera. Como resultado, se produjo una fuerte descapitalización de los predios agrícolas, así como un incremento dramático de la pobreza rural y del éxodo al extranjero En México, a lo largo de varias décadas el gobierno federal debilitó la infraestructura, investigación y financiamiento agrícola y colocó al campo y a millones de pequeños productores en una situación de quiebra productiva y marginación social. El rápido incremento de los precios internacionales de alimentos a nivel mundial, principalmente de los productos lácteos y de los cereales, ha resultado desastroso para el derecho a la alimentación de las mexicanas y los mexicanos. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA), en nuestro país se producen los comestibles suficientes para satisfacer la demanda de la población, pues al año se generan 200 millones de toneladas, pese a lo cual millones de personas en el país se encuentran en pobreza alimentaria. La actual crisis mundial no es por escasez, sino por los altos precios que han alcanzado esos productos. La inseguridad alimentaria en que viven millones de mexicanos se deriva del hecho de que no perciben lo necesario para comprar comestibles15. Esto nos lleva a tener una reflexión profunda acerca de severa crisis alimentaria en que están inmersos 20 de cada 100 mexicanos. La realidad es que el gobierno federal, a pesar de sus discursos y promesas, ha mantenido un permanente abandono del campo mexicano. De acuerdo a la organización mundial ecologista Greenpeace, la crisis alimentaria que se vive en México se debe a que la soberanía alimentaria no es defendida por el gobierno mexicano debido a que realiza acciones en beneficio de grandes empresas agrícolas, que sólo benefician la especulación y no la inversión en el campo mexicano.

Desperdicio de alimentos (frutas y verduras) en súper mercados y mercados

Gran cantidad de frutas, verduras, lácteos, alimentos envasados, así como productos en buen estado, terminan en los cestos de basura de los grandes supermercados. En otras palabras, miles de pesos se tiran, literalmente, a la basura; un gasto económico que bien podría destinarse a combatir la situación de hambre y desnutrición que se vive a escala mundial.

Diversos son los sectores que contribuyen a incrementar la problemática anterior, ya que, según la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), en México se desperdician 30 mil toneladas de alimentos generados por restaurantes, comercios e incluso por los habitantes de los centros urbanos.

La Food and Agriculture Organization (FAO), por su parte, indica que un tercio de los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano se tiran o pierden, lo que ocasiona altos costos en los países industrializados, los cuales ascienden a casi 680 millones de dólares y a 310 mil millones en los países en desarrollo.

El organismo destaca que las causas de que tal cantidad de alimentos se pierda o desperdicie en los países en desarrollo se suscitan en las etapas de producción, poscosecha y procesamiento, mientras que en los países industrializados las mermas corresponden a productos que se encuentran a la venta y se desechan por no contar con una estética adecuada para su comercialización.

En este sentido, durante 2013, la Sedesol anunció que en México diariamente se desperdician 30 mil toneladas de alimentos en buen estado, debido a que en muchas ocasiones no resulta rentable para los productores cosechar y trasladar sus productos al mercado, porque la ganancia que obtienen es menor que el costo que generaron en su producción.

Ahora bien, en el caso de frutos, vegetales y hortalizas, el mayor número de mermas se localiza en los supermercados, pues estos sitios mantienen ciertos estándares de calidad para la comercialización del producto. Cuando éstos presentan características físicas distintas a las exigidas, suelen terminar en el basurero.

La razón principal para desecharlos es su estética. Papayas un poco golpeadas, papas sucias, limones u otros productos se pueden hallar en los basureros, a pesar de que, en sí, mantengan el sabor y las propiedades físicas adecuadas para consumo humano.

Debido a lo anterior, en el país han surgido diversas asociaciones, como la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos, A.C. (AMBA), que busca maneras de hacer llegar comida a los habitantes de zonas marginadas en el país. El organismo apunta que tanto derroche podría alimentar a 26 millones de mexicanos. El mismo desperdicio incluso ha generado otros fenómenos, como el denominado freeganismo, que se refiere a la gente que se acerca a basureros de supermercados en busca de alimentos en buen estado.

¿Por qué tanto desperdicio de alimentos?
Hoy en día, el desperdicio de productos alimenticios, sobre todo en grandes urbes, se ha incrementado en comparación con otros periodos históricos, principalmente por el crecimiento de los centros de comercio y una mayor competencia en la oferta de insumos.

En el caso específico de supermercados, existen dos tipos de alimentos que suelen terminar en la basura. Primero, los que no llegan a los anaqueles porque no cumplen con los estándares de venta; es decir, toda zanahoria deforme o manzana de tamaño reducido se tira inmediatamente a la basura.

El otro tipo de merma se relaciona con productos enlatados, cereales, lácteos y perecederos que al alcanzar su fecha de caducidad deben ser desechados.

En el sector, algunos comercios han comenzado a donar a bancos de alimentos este tipo de productos, pues, aunque se marque una determinada fecha de consumo preferente, éstos permanecen por más tiempo en condiciones óptimas para consumo humano.

En el caso de carnes, pescados y mariscos, terminar entre los desechos es irreversible, debido a las bacterias que se generan con la descomposición; no obstante, quienes practican el freeganismo suelen rescatarlos para su consumo.

La fecha de caducidad en los productos sirve como guía para orientar al consumidor y proteger al productor de posibles demandas. La donación de alimentos, por tanto, resulta una alternativa contra el desperdicio masivo de alimentos doblemente benéfica, dado que la población vulnerable puede acceder a una alimentación adecuada, al tiempo que los centros comerciales aportan a la protección del ambiente, tendencia que en últimas fechas ha registrado crecimientos.

Ahora bien, a pesar de que la práctica de la donación ofrece gran desarrollo, aún existe un porcentaje importante de comercios que no donan alimentos, ya sea por falta de transportación, almacenaje o mano de obra.

En la Ciudad de México existen tres bancos de alimentos y alrededor de 4.5 millones de personas en pobreza alimentaria. En todo el país, existe un total de 66 bancos de alimentos y 28 millones de personas en condición de pobreza, lo que evidencia que la situación representa un problema de carácter federal.

Los bancos de alimentos obtienen los perecederos de diversos supermercados y la distribución se da a un bajo costo, cuyos precios oscilan entre los siguientes:

  • Productos perecederos: 2 pesos por kilogramo
  • Productos no perecederos: 3.5 pesos por kilogramo
  • Productos refrigerados o congelados: de 3.5 a 4 pesos por kilogramo

La FAO, en su más reciente estudio sobre mermas alimenticias en el mundo, detalló que los residuos que generan los supermercados a nivel mundial equivalen a 95 y 115 kilogramos anuales por persona en Europa y EUA, mientras que en África y el Sudeste de América, ascienden a 11 kilogramos anuales.

Cabe resaltar que FAO hace una diferencia entre las causas de desperdicio de países pobres y las de países desarrollados, pues mientras los primeros los desperdician por falta de refrigeración, sistemas de recolección deficientes y diversas limitaciones, los países industrializados presentan pérdidas por falta de consciencia en los consumidores finales, quienes exigen una mayor calidad visual en los productos al momento de adquiriros y no ven mal desperdiciar alimentos en perfectas condiciones.

A nivel mundial, la FAO ha solicitado a las empresas sumarse a la iniciativa Save Food, proyecto cuya meta es reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Robert van Otterdijk, jefe del equipo, asegura que si sólo una cuarta parte de los alimentos que actualmente se pierden en el mundo se pudieran recuperar, se lograría alimentar a los 900 millones de personas que padecen hambre en el planeta.

Acciones en México y el mundo
Según datos del Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2012 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), México alberga a 52 millones de personas que viven en situación de pobreza, con niveles de desnutrición comparables a los presentados en Etiopía en al menos 10 millones de mexicanos.

El rescate de alimentos resulta, entonces, indispensable. Esther Escárzaga García, procuradora Regional de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos, declaró recientemente que en el país se han logrado rescatar hasta 100 toneladas de productos alimenticios a diario y que la Asociación atiende a 1 millón 493 personas en todo el país. Por su parte, Antonio Magdaleno Velasco, director de Relaciones Institucionales de la AMBA, comenta que las líneas de acción que lleva el colectivo son buscar, en primer lugar, frutas, verduras y productos industrializados en buenas condiciones que, por diversas razones, ya no se vendieron en supermercados y centrales de abasto para posteriormente hablar con los dueños y donarlos a población vulnerable.

Una vez que se consiguen los recursos, la organización se encarga de hacer despensas que se entregan cada 15 o 30 días en comunidades pobres o en instituciones de beneficencia pública, a cambio de una cuota de recuperación del 10 por ciento de lo que realmente vale la ayuda o el trabajo voluntario.

“La pobreza alimentaria no es un problema de abasto, sino de redistribución. El alimento está, pero no los hilos conductores; si los hubiera, podrían reducirse muchos problemas sociales”, afirma el licenciado Velasco.

Una estrategia más que ha dado buenos frutos en países desarrollados como Francia o Alemania ha sido la colocación de espacios especiales para frutas y vegetales que no cumplen con el estándar y los ofertan a un precio menor, lo que ha reducido los niveles de desperdicio.

Por otro lado, muchas mermas se generan porque los envases o paquetes presentan daños. La solución a esta problemática ha sido el surgimiento de supermercados a granel, donde el consumidor lleva sus propios envases y bolsas. Dicha acción, además de evitar que se desperdicien productos en óptimas condiciones, reduce hasta en 75 por ciento los residuos de este tipo de comercios

Objetivo

Dar a conocer que la elaboración de un spray preservador de frutas es viable y de gran necesidad para mantener por más tiempo la fruta en buen estado.

Justificación

Me interesa este proyecto para lograr que las frutas se preserven durante más tiempo y así poder transportarlas y distribuirlas a zonas donde hay mayor desnutrición y escases de alimentos

Hipótesis

Si promuevo el espray y sus beneficios  entonces podremos generar una mejor distribución de alimentos en zonas marginales.

Método (materiales y procedimiento)

Método.

Vinagre blanco para mantener las frutas por más tiempo.

Es cierto que es molesto tener que tirar la fruta dañada. Qué desperdicio!

Afortunadamente, hay un truco simple y efectivo de la abuela para mantenerlos por más tiempo.

Un consejo muy práctico si quieres conservar tu fruta por más tiempo es usar vinagre blanco.

Cómo hacerlo

  1. Haga correr el agua en un recipiente.
  2. Agregue unas gotas de vinagre blanco.

Limpie sus frutas

Galería Método

Resultados

Los alimentos desechado por cadenas de supermercados, mercados podrán ser utilizados por personas de escaso recursos, con desnutricion o aquellos que viven en zonas marginada, de esta manera los alimentos como frutas y verduras llegaran en mejor estado para ser ingeridos.

Galería Resultados

Discusión

Conclusiones

El desperdicio ocurre en todos los procesos de producción, cultivo, procesado, distribución y consumo. Es decir, tanto los agricultores, como las compañías, los restaurantes, así como los consumidores, tienen responsabilidad en la cantidad exorbitante de comida que se pierde.

El desperdicio es oro, y se puede hacer mucho dinero con él. Pero esto depende de la voluntad, la tecnología y las políticas, que deben combinarse para lograr ese fin. Si logramos que los restaurantes, los supermercados y los consumidores comiencen a tratar los residuos de manera diferente, algo que no es carogenerará mucho ahorro para las ciudades y los impuestos de los ciudadanos

Bibliografía

Summary

Research Question

Problem approach

Background

Objective

Justification

Hypothesis

Method (materials and procedure)

Results

Discussion

Conclusions

Bibliography