Ciencias de los materiales

Pandilla Kids (3ro., 4to., 5to. y 6to. Año de primaria)

PK-286-CM UNA OPCIÓN NATURAL PARA TU PIEL

Asesor: Elizabeth Acosta Hernández

Autor: LIBNI BERA SANCHEZ NIETO

Resumen

En la vida hay pocas cosas tan comunes y útiles como el jabón. Con los siglos, este antiguo producto ha dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad.

Un químico del siglo XIX afirmó que el consumo de jabón era un indicador confiable de los niveles de riqueza y civilización de un país. En la actualidad se considera imprescindible para la higiene y la salud. ¿Cómo llegó a formar parte integral de nuestro diario vivir?

Pregunta de Investigación

¿EL REALIZAR JABONES ARTESANALES AYUDARÁ A INVERTIR MENOS DINERO EN EL CUIDADO DE LA PIEL?

Planteamiento del Problema

LOS JABONES ARTESANALES SON CADA VEZ MÁS UTILIZADOS EN SUSTICIÓN DE LOS JABONES CONVENCIONALES, YA QUE NOS PROPORCIONAN MÁS BENEFICIOS PARA LA PIEL. ADEMÁS DE QUE LOS JABONES ARTESANALES SE OBTIENEN DE UN PROCESO EN FRÍO, EL CUAL PERMITE EL CONSERVAR TODAS LAS PROPIEDADES DE LA GLICERINA Y OBTENER UN JABÓN DE MEJOR CALIDAD PARA NUESTRA PIEL.

A DIFERENCIA DE LOS JABONES CONVENCIONALES QUE EN SU ELABORACIÓN SON SOMETIDOS A ALTAS TEMPERATURAS PERDIENDO ASÍ SUS PROPIEDADES.

Antecedentes

Hay muchas referencias e historias referidas al origen y primeros usos del jabón. Aquí voy a compartir algunos que me han parecido interesantes e intentaré resumirlos en dos o tres partes ya que las investigaciones son muchas y los enfoques diversos e incluso contradictorios.

Primero definimos un poco lo que es el jabón, su composición, su relación con las plantas y también alguna referencia histórica.

Los jabones son verdaderas sales formadas por la unión de un ácido graso con una base o álcali. En efecto, para la fabricación de estas sustancias se hace obrar un álcali (sosa, potasa, etc.) sobre uno o más cuerpos crasos, formados éstos de ácidos grasos (ácido esteárico, margárico, oleico, etc.) y de glicerina; el ácido se combina con la base para formar el jabón, y la glicerina queda descartada.

El jabón, o más bien las substancias empleadas en su fabricación, ha sido conocido en todos tiempos. La Biblia hace mención del saponium. Plinio habla igualmente del jabón en los siguientes términos: “es una invención de los galos para hacer los cabellos rubios. Se compone de cebo y cenizas de haya. Le hay de dos clases, sólido y líquido; los germanos emplean uno y otro, los hombres más que las mujeres.” Según Plinio, el jabón fue, pues inventado por los galos; pero esta aserción quedó destruida por el descubrimiento de una jabonería en las ruinas de Pompeya, y todo induce a creer que el jabón era empleado ya en esta época en más usos, que en la tintura de los cabellos.

Es igualmente de suponer, que los primeros hombres han debido servirse como jabón de diferentes materias terrosas, como la arcilla, o de plantas como planta de Hisopoel hisopo, y sobre todo la saponaria, que tiene, como los jabones verdaderos, la propiedad de limpiar. La arcilla es bien conocida en todo el mundo; se la encuentra en abundancia en el Indre, en el Aveyron y en otros muchos sitios, y aún hoy se emplea para el desengrasamiento de paños.

La saponaria (saponaria officinalis), es una planta muy común, y que pertenece a la familia de las cariofiláceas: crece en abundancia en los vallados y cerca de los arroyos. Las hojas, y sobre todo las raíces de esta planta, tienen la condición de que, hervidas en agua, comunican a ésta la propiedad de hacer espuma como el agua de jabón. Durante mucho tiempo la saponaria ha sido cultivada en gran escala, y la industria la empleaba en grandes cantidades para el lavado de las telas. A pesar de esto, hay que observar que esta planta no obra como el verdadero jabón. Su principio activo, la saponina, fue descubierta por ; es un sólido amorfo, incoloro, tóxico, soluble en el agua y en el alcohol, que comunica al agua la propiedad de hacer espuma; pero su composición química, que puede estar representada por la fórmula: C64 H54 O36 , la diferencia completamente de los verdaderos jabones.

Otra referencia que también retoma la parte de las plantas y se enfoca en un antecedente histórico anterior al mencionado por Plinio. Existen también mitos y leyendas interesantes en relación al origen y descubrimiento del jabón, y distintas teorías en relación a su nombre y origen etimológico. Y cuáles fueron sus usos iniciales, pues la aplicación hacia el cuerpo como un elemento para la higiene personal fue muy posterior.

La necesidad de limpiar parece tan antigua como las civilizaciones. A lo largo de la Historia hemos empleado una variedad de materiales jabonosos para lavar nuestro cuerpo, nuestras cosas y nuestro entorno. Las primeras sustancias no eran jabones auténticos, sino materiales y productos químicos (actualmente conocidos como “saponinas”) extraídos de diversas fuentes vegetales.

Es probable que su uso inicial fuera accidental y que se descubriera mezclando un puñado de plantas que contenían saponinas con la “colada o lavada” en la orilla de un riachuelo. Y ciertamente quedó demostrado el poder limpiador de ciertas plantas al comprobar que cuando éstas se encontraban cerca no era necesario golpear tanto la ropa contra las piedras.

En las culturas primitivas, la raíz de la planta saponaria se sigue triturando con agua a fin de obtener una solución limpiadora espumosa y la ciencia moderna todavía no ha identificado un limpiador para las tapicerías antiguas más eficaz que la saponaria (aunque por supuesto, hoy en día es más fácil limpiarlas con un cepillo en lugar de golpearlas contra las rocas).

Cualquiera que sea el origen del jabón, los primeros usos documentados no estaban destinados a la higiene personal, sino a limpiar y tratar la piel y la lana. En unas tablas sumerias de arcilla datadas del año 2500 a.C. aproximadamente, se menciona el uso práctico del jabón. El jabón se elaboraba a base de sebo de cabra y de lejía obtenida de las cenizas de un árbol nativo y se utilizaba para limpiar la lana.

En el siglo I d.C. los romanos usaban para sus celebraciones muchos jabones que contenían tinte (esta moda la tomaron de los galos) y que aplicaban al cabello y a otras partes del cuerpo.

Según cuenta una leyenda (no fundamentada en ningún hecho demostrable), la palabra “jabón” procedía del Monte Sapo, un lugar donde los animales eran quemados en sacrificio a los dioses, práctica muy frecuente en la antigua Roma. El agua de la lluvia se mezclaba con las cenizas del altar produciendo una lejía que combinaba y reaccionaba con los residuos de grasa animal derretida por el calor del fuego, que al deslizarse colina abajo hacia el río Tíber formaba jabón. Los romanos descubrieron que sus ropas quedaban más limpias cuando lavaban en las aguas jabonosas cercanas a los altares. Esto representó todo un progreso respecto a la técnica lenta y pesada de golpear los tejidos contra las rocas.

Otra corriente del pensamiento argumenta que la elaboración del jabón tiene su origen celta (o de los bereberes del norte de África) y que las legiones romanas la importaron.

 

Puesto que todo lo que no fuera romano era considerado bárbaro, se extendió convenientemente una leyenda que defendía que fueron los romanos quienes inventaron el jabón.

Aunque hoy en día las contradictorias teorías acerca del descubrimiento del jabón todavía no se han esclarecido, por la época en que el Vesubio entró en erupción en el año 79 d.C., destruyendo Pompeya y Herculaneum, una de las industrias con más posibilidades de prosperar era una fábrica de jabón elaborado a base de ceniza. Quizá por ello es más acertado pensar que el poeta romano Plinio, considerado tradicionalmente el inventor del jabón hacia el año 77 d.C., fue uno de los testigos que sobrevivieron a la destrucción de Pompeya. Al fin y al cabo, no importa a quién se atribuya la invención del jabón, el caso es que la palabra inglesa “soap” proviene de la palabra latina grasa o sebo.

Todo parece indicar que los romanos disfrutaron de las pompas de jabón en los baños públicos de la época a lo largo y a lo ancho de todo el imperio romano, desde la Ciudad eterna a Bretaña. Pero esto no es del todo cierto. De hecho, aunque los romanos hubieran utilizado jabón para lavar ropa y para diversos usos, no empleaban el jabón para lavarse a sí mismos. Para la higiene personal, se aplicaban aceite de oliva junto con arena fina sobre la piel, y los esclavos (sólo los “menos pobres”) se quitaban el aceite sucio con una especie de escobilla llamada “estrígilo”. Luego eliminaban los residuos sumergiéndose en los baños públicos.

Tal vez no fueron los romanos los inventores del jabón, pero su creciente imperio fue el que comenzó a extender el uso y la producción del jabón en todo el mundo “civilizado” de Europa y parte de África.

Hacia el siglo VIII, era común la elaboración de jabón en Italia y en España.

 

En el siglo XIII se introdujo el jabón a Francia, donde el jabón se hacía normalmente con sebo de cabra y álcali (sosa) de la ceniza de haya. Durante los dos siglos posteriores, los franceses desarrollaron un método para hacer jabón a partir de aceite de oliva en lugar de grasa animal, produciendo así el llamado jabón de Castilla, un jabón mucho más suave que los que se conocían hasta el momento.

Los franceses hicieron al menos otras tres contribuciones claves al desarrollo de la elaboración del jabón. Fueron ellos quienes primero aprendieron a hacer jabón perfumado mediante infusiones de aceites florales. El término francés “enfleurage” designa un proceso que consta de varios pasos, en el cual se extiende la grasa sobre un tablón y luego se insertan las flores o las hierbas en la grasa, produciendo así la impregnación del aceite de fragancia natural de las flores en la grasa. Este proceso puede repetirse unas cuantas veces hasta conseguir la intensidad deseada de la fragancia. La grasa perfumada puede utilizarse entonces en la elaboración de jabón perfumado, o bien tratarse (ser extraída en alcohol) para aislar los aceites florales y usarlos en perfumería.

Sin lugar a dudas, los franceses hubieran dominado el comercio del jabón en todo el mundo si no hubiera sido por dos razones. La primera de ellas es que los jabones “de lujo” (que en realidad era cualquier jabón destinado para uso personal) solían ser objeto de los impuestos reales, por lo que no eran asequibles a la gente del pueblo. La segunda y más importante, es que a mitades del siglo XIV el baño personal pasó a considerarse una actividad altamente peligrosa.

 

 

En el año 1350, la plaga de la “Muerte Negra” fue pandémica. De origen desconocido, se creyó que este virus fatal procedía de unos vapores nocivos, más peligrosos durante la noche, y se pensaba que la gente a quien veían mojada con los baños era más propensa a contagiarse de ésta y de otras enfermedades. Aunque hoy en día sabemos que esta plaga se extiende a través de las pulgas que llevan las ratas, la vida cotidiana de aquel entonces en las ciudades europeas sufrió un cambio drástico. El baño se convirtió en un evento que ocurría una vez al año en el mejor de los casos; las ventanas, sobre todo por la noche, nunca se dejaban abiertas. En general, la higiene personal se vio afectada porque se perseguía ocultar los olores con aromas, pañuelos perfumados, ramos de flores, hierbas y otras cosas por el estilo. Hay un documento de principios del siglo XVII sobre cuatro ladrones franceses que fueron sorprendidos robando los cuerpos de las víctimas de la plaga. La sentencia de muerte no llegó a ejecutarse, porque éstos revelaron que habían evitado la plaga utilizando una mezcla de hierbas de absenta, romero, salvia, hierbabuena, ruda, lavanda, cálamo, canela, nuez moscada y ajo, todo macerado en vinagre con un poco de alcanfor.

Por los siglos XVI y XVII la jabonería había tomado un gran desenvolvimiento en Génova y en Venecia, y esto hizo a Jean Baptiste Colbert (Ministro de Luis XIV en Francia) dar un nuevo empuje a la jabonería francesa, para lo cual hizo venir jaboneros de Italia, y los estableció primeramente en Toulon, concediéndoles privilegios, y después en Marsella; pero con la condición de no emplear otros aceites, que los del país, ni otros operarios que los franceses.

Luis XIV concedió al Sr. Rigat el monopolio de la fabricación del jabón para toda Francia; pero poco tiempo después el parlamento anuló esta concesión (1669).

A partir de este momento, la industria jabonera marchó a grandes pasos, a pesar de un sin número de dificultades con las que tuvo que luchar, tales como la obligación de cerrar las fábricas durante los meses de verano, de no poder emplear otros aceites que los de oliva, etc. En 1789 esta industria fue declarada libre. Por esa época Marsella poseía ya cuarenta y seis jaboneras, que elaboraban anualmente jabones por un total de 30 millones de francos de la época.

En las primeras colonias americanas, la mayoría del jabón se hacía en casa hirviendo la grasa animal derretida con la solución alcalina producida al tratar ceniza de madera dura con agua de lluvia. La ceniza de madera era una fuente común de sodio y especialmente de hidróxidos de potasio y de carbonos, todos ellos álcalis.

Durante las guerras del primer imperio, la jabonería, a diferencia de las otras industrias no hizo sino prosperar. La prohibición de la importación de jabones extranjeros aumentó el número de fábricas. La segunda contribución clave de los artesanos franceses a la industria del jabón, y a la vez el progreso más relevante, tuvo lugar en 1791, cuando el químico francés Nicolás Leblanc inventó un proceso para hacer ceniza de sosa, a partir de sal mediante una reacción electrolítica. Este nuevo álcali puro, que permitía la producción de una excelente pastilla de jabón, pronto pasó a ser bastante asequible, y no dependía de la disponibilidad de grandes bosques de madera.

Finalmente en 1823 el químico francés Michel Eugène Chevreul determinó la naturaleza química de las grasas y detalló la composición y el proceso de la elaboración del jabón. Esto dio lugar a la producción controlada y a gran escala de jabones suaves reproducibles, hechos a base de las grasas y los aceites disponibles en cada lugar.

Desde esta época data el empleo de los aceites de semillas en la elaboración de los jabones. En la actualidad se emplean toda clase de aceites para hacer jabón: de linaza, de cáñamo, de sésamo, de algodón, de coco, de palma, etc., etc. En esto es precisamente en que se distingue la jabonería actual a la del siglo antepasado, porque en ésta el aceite empleado era, con exclusión de todo otro, el de oliva y las grasas animales. Y con ello llegó también nuestra capacidad para hacer jabón mediante el proceso en frío.

Objetivo

ELABORAR JABONES ARTESANALES A BASE DE GLICERINA Y OTROS INGREDIENTES NATURALES PARA EL CUIDADO DE LA PIEL.

Justificación

A MI ME INTERESÓ ESTE TEMA PORQUE LA MAYORÍA DE LAS MUJERES QUE CUIDAN SU PIEL (CARA, CUELLO, BRAZOS, ETC.) INVIERTEN MUCHO DINERO EN MASCARILLAS, CREMAS Y JABONES, POR TAL MOTIVO DECIDÍ ELABORAR MIS PROPIOS JABONES ARTESANALES CON INGREDIENTES 100% NATURALES Y QUE SIRVAN PARA EL CUIDADO DE LA PIEL.

Hipótesis

SI ELABORO JABONES NATURALES A BASE DE GLISERINA E INGREDIENTES NATURALES, ENTONCES OBTENDRÉ UN PRODUCTO QUE ME TRAIGA MAYORES BENEFICIOS AL CUIDADO DE LA PIEL A UN PRECIO MÁS BAJO, QUE INVERTIR EN COSTOSAS CREMAS.

 

 

Método (materiales y procedimiento)

Ingredientes:

  • Aceite de caléndula.
  • Jabón de glicerina transparente a base de coco.
  • Jabón de glicerina opaco.
  • Extracto de avena.
  • Carbón activado.
  • Aroma de vainilla.
  • Aceites y esencias.
  • Alcohol grado cosmético.

Materiales:

  • Báscula digital en unidades de gramos y onzas con sensor de alta precisión.
  • Cuchillo.
  • Recipiente de vidrio para fundir el jabón.
  • Moldes.
  • Película auto adherible.
  • Tabla de madera para picar.

Galería Método

Resultados

Obtuve un jabón de avena en forma de estrella, con una consistencia suave y firme a la vez. Con olor a avena, coco y caléndula.

Galería Resultados

Discusión

Conclusiones

Al haber elaborado jabones artesanales me di cuenta que éstos conservan mejor sus propiedades y que en verdad ayudan al cuidado de la piel. También pude comprobar que el costo es menor porque con cierta cantidad de dinero puedo elaborar varios jabones de diferentes ingredientes para diferentes cuidados.

Bibliografía

https://www.neoquim.com/el-jabon/

https://www.google.com.mx/search?sourceid=navclient&aq=&oq=bioalei&hl=es&ie=UTF-8&rlz=1T4WQIB_esMX538MX548&q=bioalei&gs_l=hp…0l5j41.0.0.2.60629………..0.D-51egRI0i0

https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/102005564

https://vismaressence.com/jabon-artesanal-mundo-con-historia/

 

Summary

There are few things in life as common and useful as soap. Over the centuries, this product has increased to be a luxury to become a necessity.

A 19th century chemist claimed that the consumption of soap was a reliable indicator of a country’s levels of wealth and civilization. It is now considered essential for hygiene and helth.

Research Question

Do make handmade soaps help to the sensitive and delicate skins?

Problem approach

Handmade soaps are increasingly used to replace conventional soaps as they provide more skin benefits.

Besides that the handmade soaps are obtained from a cold process which allows to preserve all the properties  of the glycerin to obtain a best quality soap for our skin.

Background

Objective

To elaborate handmade soaps based on glycerin and others natural ingredients for skin care.

Justification

I was interested in this topic because most women care for their skin (face, neck, arms, etc.) invest a lot of money masks, crams and handmade soaps, for this reason I decided to develop my own handsome soaps with ingredients 100% natural and that they served for the care of the skin.

Hypothesis

If I produced natural soaps based on glycerin and natural ingredients, then I will get a product that will make me more beneficial to skin care at a lower price than investing in expensive creams?

Method (materials and procedure)

Results

I got a star-shaped

oatmeal soap with a smooth, firm consistency at the same time, with the smell of oatmeal, coconut, and marigold.

Discussion

Conclusions

Bibliography