Equipo [Neurobeats] Sara Alarcón Cruz[4o], Sofía Lira Queiroz[4o], Constanza Obeso Pérez[4o]
Este proyecto analiza el efecto de la música como herramienta de apoyo para favorecer la relajación y el bienestar emocional en niños. La propuesta se basa en diversos estudios científicos que señalan que la música puede influir en la actividad cerebral, en la regulación emocional y en la disminución de la ansiedad. A partir de esto, se planteó el diseño de actividades musicales recreativas orientadas a generar momentos de calma y distracción positiva en los participantes.
Para el desarrollo del proyecto se realizó una investigación documental sobre los efectos emocionales que pueden presentarse en los niños durante procesos médicos complejos, así como sobre la relación entre la música y el funcionamiento del cerebro. Con base en la información recopilada se elaboró una playlist con canciones afinadas a 432 Hz, frecuencia que algunos estudios asocian con efectos de relajación. Posteriormente se diseñaron actividades musicales sencillas dirigidas a niños de entre 6 y 10 años. Antes de su aplicación en un contexto hospitalario, se realizó una primera fase con tres niños sanos, utilizando un alertómetro para registrar su estado emocional antes y después de la intervención musical.
Los resultados mostraron que más del 80% de los participantes presentó conductas asociadas con relajación, como permanecer más tranquilos o disminuir su nivel de movimiento. Actualmente se está en contacto con una fundación que acompaña a niños con cáncer para observar la aplicación del taller antes de autorizar su implementación con pacientes en tratamiento, lo que podría ampliar el impacto social y humano del proyecto.
This project analyzes the effect of music as a supportive tool to promote relaxation and emotional well-being in children. The proposal is based on several scientific studies indicating that music can influence brain activity, emotional regulation, and the reduction of anxiety. Based on this information, recreational musical activities were designed to create moments of calm and positive distraction for the participants.
For the development of the project, a documentary research process was conducted on the emotional effects that children may experience during complex medical processes, as well as on the relationship between music and brain function. Based on the information collected, a playlist of songs tuned to 432 Hz was created, a frequency that some studies associate with relaxation effects. Simple musical activities were then designed for children between 6 and 10 years old. Before its application in a hospital context, a first phase was carried out with three healthy children, using an alertometer to record their emotional state before and after the musical intervention.
The results showed that more than 80% of the participants displayed behaviors associated with relaxation, such as remaining calmer or reducing their level of movement. Currently, contact has been established with a foundation that supports children with cancer, which is interested in observing the implementation of the workshop before authorizing its application with patients undergoing treatment. This could expand the social and human impact of the project.
Inin tlatequipanolli quinequi quimomachtia huan quipalehuia in yolpaki tlen tlamantli mental, ihuan in cuicatl pajtli.
Moteixpantia para conemeh, quinpalehuia ipan in tlamantli tlen quipia in quimioterapia.
Niman mochihua sesionmeh tlen cuicatl ipan 20 minutoh, tlen mocuepa ipan 432 Hz, tlen quimaca yolseuiliztli huan yolpactli.
Los niños que reciben quimioterapia ambulatoria no solo enfrentan los efectos físicos de su tratamiento, también viven emociones como miedo, cansancio, ansiedad y estrés. Estas sensaciones pueden hacer que cada visita al hospital sea más difícil, por lo que resulta importante buscar formas de acompañarlos emocionalmente durante este proceso.
La música forma parte de la vida cotidiana y tiene la capacidad de influir en cómo nos sentimos. Un estudio publicado en la revista Enfermería Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) demostró que escuchar música antes de un procedimiento médico ayuda a reducir la ansiedad, bajar la frecuencia cardíaca y favorecer un estado de mayor relajación en los pacientes. Por esta razón, la música se ha comenzado a utilizar como un apoyo en contextos de salud y bienestar.
A partir de esta idea, nuestro proyecto propone realizar actividades musicales recreativas que ayuden a los niños a sentirse más tranquilos después de su tratamiento de quimioterapia. Queremos que, a través de dinámicas sencillas y adecuadas a su edad, puedan distraerse un momento del tratamiento, relajarse y expresar lo que sienten. La intención es que la música se convierta en un pequeño espacio de calma y acompañamiento durante su proceso.
La salud no solo depende del tratamiento médico, también incluye el bienestar emocional. En el caso de los niños que reciben quimioterapia ambulatoria, es común que experimenten miedo, nerviosismo o tristeza debido a los procedimientos y al ambiente hospitalario. Aunque el tratamiento médico es fundamental para su recuperación, muchas veces no se cuenta con estrategias que apoyen su estado emocional durante este proceso.
La música es una herramienta cercana y fácil de aplicar que puede influir en cómo se sienten las personas. Diferentes estudios han demostrado que escuchar música adecuada puede ayudar a disminuir la ansiedad y favorecer la relajación. Por ello, la implementación de actividades lúdicas basadas en la música puede convertirse en un apoyo que genere momentos tanto de tranquilidad como de distracción positiva después de su tratamiento.
Este proyecto se relaciona con el ODS 3, Salud y Bienestar, ya que busca promover la salud emocional como parte de la atención integral. También se vincula con el ODS 10, Reducción de las Desigualdades, porque plantea una estrategia accesible que puede implementarse en fundaciones para niños con cáncer que ofrecen acompañamiento durante el tratamiento, considerando que en muchos casos los recursos para el apoyo emocional son limitados.
De esta manera, se pretende aportar una alternativa que contribuya al bienestar emocional de los niños durante su tratamiento médico.
En las fundaciones que acompañan a niños con cáncer durante su tratamiento ambulatorio, la atención se enfoca principalmente en el aspecto médico y en el apoyo general que se les brinda. Sin embargo, no siempre se aplican actividades específicas que ayuden a trabajar directamente su estado emocional después de recibir quimioterapia.
Después de cada sesión, algunos niños pueden mostrarse cansados, inquietos o emocionalmente sensibles, y no siempre cuentan con un espacio de confianza que les permita relajarse o distraerse de manera positiva. Esto puede hacer que el proceso se perciba como más difícil a nivel emocional.
Aunque se sabe que la música puede influir en el estado de ánimo y favorecer la relajación, no en todos los espacios de acompañamiento se implementan actividades musicales organizadas con este propósito.
Por ello, el proyecto Neurobeats busca analizar si la realización de actividades musicales recreativas después de la quimioterapia puede ayudar a que los niños se sientan más tranquilos y relajados.
La aplicación de actividades musicales recreativas después de la quimioterapia ambulatoria disminuye los niveles de ansiedad y favorece un mayor estado de relajación en niños, en comparación con su estado emocional previo a la intervención.
Evaluar el efecto que tiene la aplicación de actividades musicales recreativas en los niveles de ansiedad y relajación en niños que reciben quimioterapia ambulatoria dentro de un espacio de acompañamiento, mediante la observación de cambios en su comportamiento y en la autoevaluación de su estado emocional antes y después de participar en las sesiones musicales.
La música es un fenómeno sonoro complejo que combina ritmo, melodía, armonía, timbre e intensidad para formar estructuras que el cerebro interpreta de manera altamente organizada. Aunque tradicionalmente se ha visto como un arte, la música es también un estímulo acústico con bases físicas y matemáticas que producen efectos medibles en la actividad cerebral y en los estados emocionales de las personas. Esta combinación entre estructura y percepción ha permitido que la música se convierta en un objeto de estudio científico, especialmente dentro de disciplinas como la musicología y la neurociencia, las cuales analizan la manera en que los sonidos organizados influyen en la mente, el cuerpo y el comportamiento humano.
Dentro de sus elementos fundamentales, el ritmo actúa como la base temporal de la música y es procesado por regiones cerebrales involucradas en el movimiento y la anticipación. Un ritmo estable y predecible puede regular funciones fisiológicas como la respiración y la frecuencia cardiaca, lo que ayuda a disminuir la ansiedad. La melodía, por su parte, consiste en una secuencia lineal de notas organizadas de acuerdo con patrones de altura e intervalos. El cerebro interpreta estas secuencias no solo desde el punto de vista auditivo, sino también emocional: las melodías ascendentes pueden transmitir energía o esperanza, mientras que las descendentes suelen generar calma o introspección. Así mismo, intervalos cortos tienden a producir estabilidad emocional, mientras que los intervalos amplios generan sorpresa o tensión. La armonía, entendida como la combinación simultánea de sonidos, influye directamente en la forma en que una emoción se intensifica o suaviza; los acordes mayores suelen relacionarse con sensaciones de bienestar, mientras que los menores pueden inducir tranquilidad melancólica o reflexión profunda. Cada uno de estos elementos, al interactuar entre sí, crea un lenguaje sonoro que el cerebro interpreta con una finura sorprendente.
La musicología, como disciplina científica que estudia la música, se encarga de analizar estos elementos desde perspectivas históricas, culturales, cognitivas y neurobiológicas. Esta área del conocimiento investiga cómo se organiza la música, cómo la percibe el cerebro y de qué manera influye en los estados emocionales y en el comportamiento humano. Gracias a la integración de conocimientos provenientes de la acústica, la psicología, la teoría musical, la antropología y la neurociencia, la musicología contemporánea ha permitido comprender que la música no solo se escucha, sino que activa diversas redes cerebrales responsables de procesar emociones, recuerdos y movimientos. Esto explica por qué la música puede provocar respuestas tan intensas, incluso en personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad física o emocional.
Cuando una persona escucha música, su cerebro activa múltiples áreas al mismo tiempo. La corteza auditiva analiza el tono, el ritmo y el timbre, mientras que el sistema límbico —especialmente la amígdala y el hipocampo— se encarga de generar respuestas emocionales y activar recuerdos asociados. La corteza prefrontal participa en la interpretación y anticipación de los cambios musicales, lo que ayuda a crear una sensación de estabilidad y control. El cerebelo y los ganglios basales se involucran en el procesamiento del ritmo, generando impulsos motores que explican por qué solemos movernos o marcar el compás al escuchar una canción. Además, la música estimula la liberación de neurotransmisores como la dopamina, que produce sensación de placer; la serotonina, que regula el estado de ánimo; la oxitocina, que favorece el vínculo emocional; y las endorfinas, que reducen la percepción del dolor. Esta combinación de procesos convierte a la música en una herramienta poderosa para influir en el bienestar integral.
A partir de estas bases científicas surge la musicoterapia, entendida como la aplicación sistemática de la música para favorecer cambios positivos en la salud física, emocional y social. La musicoterapia no consiste únicamente en escuchar melodías, sino en utilizar elementos musicales de manera planificada mediante actividades como la improvisación, el canto, la ejecución de instrumentos o la escucha guiada. Estudios internacionales han demostrado que la musicoterapia puede reducir los niveles de cortisol —hormona del estrés—, mejorar la tolerancia al dolor, regular el estado emocional y fomentar la expresión de sentimientos que suelen ser difíciles de verbalizar. Sus efectos se explican gracias a la interacción entre la estructura musical y las respuestas neurofisiológicas que esta desencadena.
En el caso de los niños con cáncer, la musicoterapia cobra especial relevancia. Estos pacientes suelen enfrentar malestares físicos derivados de la quimioterapia, como dolor, náuseas, fatiga y sensibilidad emocional. A esto se suman el miedo, la ansiedad anticipatoria antes de los procedimientos, el estrés hospitalario y la tristeza provocada por cambios drásticos en su vida cotidiana. Estos factores no solo afectan su bienestar psicológico, sino que también pueden influir en su percepción del tratamiento y en su capacidad para afrontarlo. La música, al activar redes cerebrales relacionadas con la calma, el placer y la seguridad emocional, se convierte en un recurso accesible y efectivo para mejorar su calidad de vida durante el proceso médico.
Diversas investigaciones señalan que la musicoterapia ayuda a los niños con cáncer a disminuir el miedo y la ansiedad antes de tratamientos invasivos, reduce la percepción del dolor mediante la liberación de endorfinas y favorece una respiración más regular, lo que facilita la relajación. Además, proporciona un espacio emocional seguro donde los niños pueden expresarse sin necesidad de palabras, lo que fortalece su resiliencia y sentido de acompañamiento durante la enfermedad. Gracias a su carácter no invasivo, la musicoterapia es una herramienta que puede integrarse fácilmente dentro del ambiente hospitalario, contribuyendo a la atención humanizada y al bienestar integral de los pacientes pediátricos.
Materiales:
Procedimiento:
Primero se realizó una investigación documental sobre el cáncer infantil y los efectos físicos y emocionales que pueden experimentar los niños durante los tratamientos de quimioterapia. En esta etapa también se revisó información científica sobre el efecto de la música en el cerebro, especialmente en relación con la reducción de la ansiedad, la relajación y el estado de ánimo.
A partir de la información recopilada, se analizaron diferentes tipos de música considerando características como el ritmo, el tempo, la intensidad del sonido y el tipo de instrumentos. Se elaboró una playlist con diversas canciones afinadas a una frecuencia de 432 Hz, ya que varios estudios sugieren que este tipo de afinación favorece estados de relajación y ayuda a disminuir el estrés y contribuir al bienestar emocional en quienes la escuchan.
Antes de aplicar el proyecto en un contexto médico, se decidió realizar una fase inicial de prueba con niños sin alguna enfermedad diagnosticada. Esta etapa tiene como propósito observar el funcionamiento de la metodología, evaluar la reacción de los participantes ante la playlist seleccionada y realizar ajustes en las dinámicas planteadas, con el fin de fortalecer el diseño de la intervención antes de aplicarla en un contexto más sensible.
Posteriormente se diseñaron las actividades musicales recreativas que se aplicarían durante las sesiones. Estas actividades se pensaron de manera sencilla y adecuada para la edad de los participantes, de entre 6 y 10 años, con el fin de que pudieran escuchar la música, relajarse y expresar sus emociones de forma natural.
Antes de iniciar cada sesión, se pidió a los niños que indicaran cómo se sentían en ese momento utilizando una escala de autoevaluación adaptada a su edad. En esta escala podían señalar su estado emocional mediante una referencia numérica o visual.
Después se realizó la actividad musical, en la cual se reprodujo la playlist seleccionada mientras los niños permanecían sentados o en una posición cómoda dentro del espacio de acompañamiento. Durante este tiempo se buscó que los participantes escucharan la música y realizarán actividades tranquilas como respirar con calma, dibujar o simplemente descansar.
Al finalizar la intervención musical, se volvió a aplicar la escala de autoevaluación emocional para identificar si existían cambios en la forma en que los niños percibían su estado emocional.
Finalmente, se compararon los resultados obtenidos antes y después de las sesiones musicales, así como las observaciones registradas durante las actividades, con el propósito de analizar si la aplicación de la música generó cambios en los niveles de ansiedad y relajación de los participantes.
La intervención musical se aplicó de manera piloto a tres participantes sin alguna enfermedad diagnosticada, con el propósito de evaluar el funcionamiento inicial de la metodología y observar la reacción de los niños ante las actividades musicales planteadas.
Antes de iniciar la actividad se utilizó el alertómetro para identificar el estado emocional inicial de cada niño. Dos de los participantes indicaron niveles de estrés muy bajos, ubicándose entre 1 y 2 dentro de la escala utilizada. A pesar de que su nivel inicial de estrés era reducido, durante la sesión se observó que ambos niños lograron relajarse aún más con la música, mostrando conductas como disminuir el movimiento corporal, recostarse o permanecer tranquilos mientras escuchaban las canciones.
Después de la actividad, los padres de los participantes comentaron que los niños llegaron a casa con una sensación de mayor tranquilidad e incluso presentaron conductas de descanso, como tomar una siesta poco tiempo después de la sesión. Estas observaciones sugieren que la selección musical utilizada favoreció un estado de relajación.
En el caso del tercer participante, el alertómetro indicó un nivel inicial alto de estrés, ubicándose entre 9 y 10 en la escala. Durante la sesión no se observaron cambios positivos significativos en su estado emocional. Posteriormente, el tutor del menor comentó que el niño presenta problemas importantes de manejo de ira, lo que sugiere que en casos con niveles elevados de alteración emocional puede ser necesaria la intervención de un profesional especializado.
Además, se estableció contacto con una fundación dedicada al acompañamiento de niños con cáncer, la cual ha mostrado interés en que el taller pueda aplicarse con niños que se encuentran en tratamiento de quimioterapia. No obstante, antes de otorgar el permiso para realizar las actividades con los pacientes, la fundación solicitó observar previamente la aplicación del proyecto con niños sanos, con el fin de evaluar la dinámica, la interacción con los participantes y la pertinencia de las actividades propuestas. Por esta razón, el día 17 de marzo del presente año, se llevará a cabo una sesión de evaluación en la que representantes de la fundación observarán la implementación del taller, con el propósito de determinar si se autoriza su aplicación posterior con niños en tratamiento.
Los resultados obtenidos durante la fase piloto permiten observar que la aplicación de actividades musicales recreativas puede generar efectos positivos en el estado emocional de los participantes. En los dos niños que presentaban niveles bajos de estrés al inicio de la sesión (entre 1 y 2 en el alertómetro), se observaron conductas asociadas con un mayor estado de relajación durante la actividad musical. Entre estas conductas se identificó una disminución del movimiento corporal, una postura más relajada en la silla y una mayor disposición a permanecer tranquilos mientras escuchaban las canciones. Estos comportamientos sugieren que la música utilizada favoreció un ambiente de calma durante la sesión.
Las observaciones realizadas después de la actividad también aportan información relevante. Los comentarios de los padres indican que los niños mostraron señales de mayor tranquilidad al regresar a casa e incluso presentaron conductas de descanso, como tomar una siesta poco tiempo después de la sesión. Este tipo de respuestas coincide con lo reportado en diversos estudios sobre música y relajación, en los cuales se señala que ciertos estímulos musicales pueden favorecer estados de calma y disminuir la activación fisiológica.
En el caso del tercer participante se tuvieron resultados distintos. Este niño presentó un nivel inicial muy alto de estrés (entre 9 y 10 en el alertómetro) y no se observaron cambios positivos significativos durante la sesión. Posteriormente, el tutor mencionó que el menor presenta dificultades importantes relacionadas con el manejo de la ira. Este caso permite identificar que cuando los niveles de alteración emocional son muy elevados, la música por sí sola puede no ser suficiente para generar cambios inmediatos, por lo que podría requerirse el acompañamiento de profesionales especializados en el área psicológica o terapéutica.
En términos generales, los resultados obtenidos sugieren que la playlist seleccionada y las actividades musicales diseñadas dentro del proyecto pueden favorecer estados de relajación en niños que presentan niveles bajos o moderados de estrés. Sin embargo, también se observa que la efectividad de la intervención puede depender del estado emocional inicial de cada participante.
Es importante considerar que esta fase del proyecto se realizó únicamente con niños sanos, como parte de una etapa preliminar para evaluar la metodología y el funcionamiento de las actividades. Los resultados obtenidos permiten realizar ajustes y fortalecer el diseño del taller antes de aplicarlo en un contexto clínico. Además, el interés mostrado por una fundación dedicada al acompañamiento de niños con cáncer representa una oportunidad para continuar evaluando el proyecto en un entorno más cercano a su objetivo principal, una vez que se obtenga la autorización correspondiente.
Los resultados obtenidos durante la primera fase del proyecto muestran que las actividades musicales recreativas diseñadas pueden generar efectos positivos en el estado emocional de los participantes. En los niños que presentaban niveles bajos de estrés al inicio de la sesión, se lograron identificar conductas asociadas con un mejor estado de relajación, como una disminución en la inquietud corporal, una postura más tranquila y una mayor disposición a permanecer en calma durante la actividad musical. Estas observaciones, junto con los comentarios posteriores de los padres, sugieren que la música utilizada contribuyó a favorecer un ambiente de tranquilidad y bienestar.
Asimismo, se identificó que los resultados de la intervención pueden variar dependiendo del estado emocional inicial de cada participante. El caso del niño que presentó un nivel elevado de estrés muestra que en situaciones donde existen alteraciones emocionales más profundas, la música por sí sola puede no ser suficiente para generar cambios inmediatos, lo que abre la posibilidad de buscar estrategias de acompañamiento que incluyan apoyo profesional especializado.
Esta primera fase realizada con niños sanos permitió evaluar el funcionamiento general de la metodología, la pertinencia de las actividades y la reacción de los participantes ante la playlist seleccionada. Esta etapa es indispensable para el mejoramiento del proyecto y poder realizar los ajustes necesarios antes de su aplicación en un contexto clínico. Además, el estar en contacto con una fundación dedicada al acompañamiento de niños con cáncer representa una oportunidad importante para continuar desarrollando esta actividad dentro de un entorno donde el apoyo emocional es muy necesario.
Desde una perspectiva científica, este proyecto aporta evidencia sobre el potencial de las intervenciones musicales como herramientas complementarias para favorecer la relajación y el bienestar emocional en niños. Al mismo tiempo, demuestra que es posible integrar conocimientos provenientes de la neurociencia, la música y la educación para generar propuestas accesibles que puedan implementarse en espacios de acompañamiento infantil.
Finalmente, más allá de los resultados obtenidos, este proyecto recuerda que la atención a la salud también debe considerar el aspecto humano de los tratamientos médicos. Para un niño que enfrenta una enfermedad que transforma por completo su vida cotidiana, un espacio breve de música, calma y acompañamiento puede representar una experiencia necesaria dentro de su proceso. Si una actividad tan sencilla como escuchar música puede ayudar a disminuir el miedo, generar tranquilidad o incluso devolver una sonrisa en medio de un tratamiento complejo, entonces el valor de este tipo de iniciativas va más allá de lo científico y se convierte también en un acto de empatía y cuidado hacia quienes más lo necesitan.
