Ciencias Agropecuarias y de Alimentos

Pandilla Petit, (preescolar y 1ro. y 2do. año de primaria)

Como sembrar tus propios alimentos, para beneficio del medio ambiente.

Asesor: Verónica Padilla

Autor: Iktan Alexis Galvan Tellez

Resumen

Comprar alimentos cultivados localmente en el mercado de agricultores o en el supermercado local, es una buena manera de minimizar el impacto ambiental.

De los muchos riesgos para salud pública y el medio ambiente asociados con la quema de combustibles fósiles, el más grave, en términos de consecuencias potencialmente irreversibles, es un fenómeno con el que todos nos hemos familiarizado, el cambio climático.

Otro factor que hay que tener en cuenta es el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos en cultivos convencionales.  En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aprobó el uso de pesticidas que aún no se habían estudiado de manera exhaustiva, y desafortunadamente, se relacionaron con el cáncer y otras enfermedades después, si tú mismo cultivas tu comida, puedes intervenir en la calidad de los alimentos que forman parte de tu dieta.

Plantar, escardar, regar y cuidar de tus plantas te anima a salir de tu zona de confort y te proporcionará un entrenamiento significativo.

De esta manera los niños valorarán más lo que se llevan a la boca, aprenderán a comer bien y sobre todo a cuidar el entorno que les rodea.

Pregunta de Investigación

¿Si la gente en México sembrara sus propios alimentos reduciría la contaminación en nuestro país?

Planteamiento del Problema

Muchas veces en los supermercados, nos encontramos con productos etiquetados como orgánicos, el costo de éstos es tres o cuatro veces más alto que los tradicionales, esto se debe a que algunas agricultores se han dedicado a producir alimentos libres de venenos y químicos que son utilizados comúnmente, los alimentos necesitan entonces, mayor cantidad de cuidados, debido a que no se utilizan pesticidas para evitar plaga en los cultivos, y a su vez que tenga repercusiones negativas en la salud y en el medio ambiente.

La idea entonces que desde niños se aprenda cuáles son los beneficios de cultivar sus propios alimentos, al mismo tiempo que crean conciencia del cuidado al medio ambiente.

Antecedentes

Agricultura en México

La agricultura en México es un sector importante de la economía del país tanto histórica como políticamente, a pesar de que ahora represente tan sólo un pequeño porcentaje de PIB de México (3,6 % en 2015).

México es una de las cunas de la agricultura mesoamericana donde se domesticaron plantas como el maíz, los frijoles, los chiles, los tomates, las calabazas, los aguacates, el cacao, varias clases de especies y muchas más plantas. Desde la segunda mitad del siglo XX, el Tratado de Libre Comercio y las políticas económicas del país han favorecido de nuevo a las grandes empresas agrícolas comerciales.

Los principales cultivos de México son granos como el maíz y el trigo, y frutas tropicales como la naranja y el plátano. Las exportaciones agrícolas más importantes son frutas tropicales como la sandía y verduras como el tomate. El sesenta por ciento de las exportaciones legales va a los Estados Unidos.

Periodo mesoamericano

Figura 1. Chinampas y canales, 1912.

Mesoamérica es reconocido como una de las cunas de la domesticación de plantas La investigación arqueológica en la costa del Golfo de Tabasco muestra evidencia muy temprana del cultivo del maíz en México. Los primeros campos cultivados estuvieron a lo largo del río Grijalva. Se sabe gracias al polen fosilizado que demuestra que hubo tala de bosques alrededor de 5100 a. C. Las actividades humanas han influenciado sobre los paisajes de la península de Yucatán desde más de 4000 años. Varios estudios paleoecológicos muestran actividades de agricultura, el registro polínico más antiguo de maíz  proviene del norte de Belice, con una edad aproximada de 3300 a. C. La domesticación del maíz es seguida por la de las semillas de girasol y la del algodón.

La agricultura era la base de las grandes civilizaciones mesoamericanas tales como la de los olmecas, los mayas y los aztecas cuyos cultivos principales fueron el maíz, el frijol, la calabaza, los chiles y los tomates,7 La tradición de sembrar maíz, frijoles y calabaza juntos permitía que los frijoles reemplazaran el nitrógeno que el maíz agotaba del suelo. A veces se hace referencia a

estos tres sembrados de plantas juntas como Las tres hermanas.

La erosión del suelo debida a la producción del maíz ha sido un problema desde el periodo mesoamericano. Ésta y otros tipos de degradación del medio ambiente se han citado como la causa del colapso de la civilización de Teotihuacán. Para crear nuevas áreas para el cultivo, los mesoamericanos almacenaron el agua de lluvia y desarrollaron sistemas de riego a las orillas de los lagos. También crearon nuevos campos de siembra en forma de terrazas o bien, islas flotantes artificiales llamadas chinampas en aguas poco profundas.

Periodo colonial

La minería de la plata atrajo a muchos españoles a México. La plata fue el principal producto de exportación de Nueva España, aunque la agricultura siguió siendo extremadamente importante. Hubo mucha más gente que trabajaron en la agricultura que en la minería, no solo para la propia subsistencia sino también con fines comerciales para suplir a las ciudades españolas con alimentos. En la época inicial del periodo de la Conquista, los españoles dependían del tributo que recibían de la cosecha de los indígenas en el centro del país, todo esto de acuerdo a los arreglos existentes en la época. Algunos españoles se beneficiaron tanto del tributo como del trabajo de los indígenas mediante el sistema de la encomienda.

Del Siglo XIX a la actualidad

Figura 2. Hacienda de San Antonio Coapa por José María Velasco Gómez (1840-1912).

El sistema colonial de distribución de la tierra no cambió después de la Guerra de Independencia de México. Los trabajadores agrícolas rurales trabajaban como peones en las haciendas y no tenían casi tierra. Durante los esfuerzos de modernización hechos por el régimen de Porfirio Díaz, se alentó a las grandes haciendas para que dedicaran sus cultivos a la exportación comercial, especialmente la producción de henequén y caucho. Este incitamento incluyó la construcción de ferrocarriles para llevar los productos al mercado y para atraer la inversión extranjera de capitales. Si bien estas políticas dieron buen resultado en el crecimiento de la economía, solo se benefició la élite, empeorando la vida para el trabajador rural común.

El resultado de estas políticas fue la Revolución Mexicana de 1910 a 1920. Que a su vez resultó en la división de la gran mayoría de las grandes

propiedades privadas que serían redistribuidas, en especial bajo un sistema de tenencia común de la tierra llamado ejido. Las tierras ejidales podían ser trabajadas de forma individual o colectiva por sus miembros, pero la tierra no podía ser arrendada o vendida. El proceso de división de tierras y el desarrollo de las organizaciones ejidales continuó en 1930 bajo el presidente Lázaro Cárdenas. Las haciendas desaparecieron casi en su totalidad en el centro y el sur de México y a finales de 1930 se convirtieron en numerosos cultivos pequeños de diez a veinte acres. De esta manera, los ejidos junto con los cultivos pequeños se convirtieron en el sistema dominante.

La reforma agraria en México fue un gran logro de la Revolución Mexicana y se repartió tierra a los campesinos que estaban concentrados en el centro y sur de México. El fin de las haciendas resolvió un problema político en México, ya que era una de las demandas de los campesinos que lucharon y que se realizó. Por los años 30 y 40, la producción agrícola fue cayendo y el gobierno buscó soluciones técnicas.

En la década de los 40, durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho, el gobierno mexicano se asoció con el gobierno de los Estados Unidos y la Fundación Rockefeller para poner en marcha la llamada Revolución Verde (1950-1970) En centros de investigación se desarrollaron nuevas variedades de

trigo, maíz y otros granos dando por resultado variedades de granos con rasgos más deseables, tales como resistencia a las enfermedades y un mayor contenido en proteínas. Durante la época de la revolución verde el sorgo, un nuevo cultivo, fue introducido en México y utilizado como forraje para animales. En esta era se expandió en México la producción de ganado alimentado con sorgo.

El sistema de ejidos permaneció intacto hasta 1990. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, la industria se convirtió en el sector más importante de la economía. La población rural de México comenzó a disminuir a mediados del siglo de un 49.3 % en 1960 a un 25.4 % para 2000. Las políticas federales afuera de los ejidos, incluyendo las políticas proteccionistas y el ofrecimiento de crédito, favorecieron a los grandes productores agrícolas a costa de la producción campesina rural. Una de estas políticas fue la construcción de grandes sistemas de riego, especialmente en el norte del país.

El primer gran proyecto de irrigación fue el Proyecto Laguna cerca de Torreón, seguido por el Proyecto Las Delicias, cerca de Chihuahua. Ambos proyectos tuvieron por objetivo la producción de algodón y trigo. Estos proyectos aumentaron la cantidad de tierra disponible para la agricultura de 3.7 millones de acres en 1950 a 8.64 millones de acres en 1965. Además, el gobierno mexicano alentó los cultivos del maíz y el frijol, restringiendo las

importaciones de estos dos granos hasta 1990.

Por 1970 la producción agrícola fue incapaz de seguir el ritmo de crecimiento de la población local lo que llevó a la importación de productos de primera necesidad El gobierno mexicano inició programas en la década de los 70 y 80 para fomentar la planificación familiar y el uso de anticonceptivos, con el fin de controlar el aumento de la población La población campesina aumentó un 59 % en el periodo entre 1940 y 1960.

El crecimiento del neoliberalismo y la negociación del TLC a principios de 1990 empujo a los agricultores a hacer más esfuerzos para comercializar sus cosechas. La constitución mexicana fue modificada en 1992 para permitir el arrendamiento y la venta de tierras ejidales, si la mayoría de los miembros del ejido votaban en favor.

El objetivo de esta medida fue permitir a los diversos ejidos unirse entre ellos para formar granjas más grandes y eficientes financiadas por inversionistas privados. Pero esta medida dio por resultado que las tierras ejidales se convirtieron en propiedad privada.

Estos cambios tuvieron un efecto desigual en la agricultura mexicana.  Hasta finales de 1990, México era un exportador neto de productos agrícolas, pero hoy es un importador neto, sobre todo de los Estados Unidos.

El ingreso agrícola mexicano se ha polarizado y se han creado por un lado grandes granjas comerciales que dominan el sector y por el otro, persiste la agricultura pequeña que es todavía la principal fuente de ingresos para muchos, especialmente para los pequeños agricultores del sur del país. Las granjas comerciales son capaces de aprovechar que las barreras comerciales se han reducido y que las exportaciones, especialmente a Estados Unidos, han aumentado.  Los subsidios proporcionados en un pasado por el gobierno fueron reemplazados por un programa llamado Procampo que dio pagos directos en efectivo a los agricultores para que cultivaran maíz, frijol, trigo y otros granos. Esto permitió a los agricultores decidir personalmente qué cultivar.

A pesar de una mayor producción, la agricultura ha disminuido en el porcentaje del PIB de México desde 1990.  La proporción del PIB que corresponde a la agricultura, la silvicultura y la pesca se redujo del 8 % del PIB de la nación en 1990 al 5.4 % del PIB de México en 2006, con una tasa de crecimiento de sólo un 1.6 %, muy por detrás de otros sectores de la economía.  En 2010, la estructura del PIB y la de la fuerza del trabajo mostró que la agricultura, la silvicultura y la pesca combinadas fueron valoradas en un 3.8 % del valor total del PIB, dando empleo a 5 903 300 o el 12.5 % de la fuerza de trabajo.

El comercio agrícola

Los productos agrícolas comerciales proceden en su mayoría de tres zonas del país: las zonas tropicales del Golfo de México y Chiapas, las tierras irrigadas del norte y noroeste, y la zona del Bajío, región del centro de México. A principios del siglo 21, los principales productos agrícolas de México incluyeron la carne de res, frutas, verduras, maíz, leche, carne de ave, cerdo y huevos. Todo esto representó alrededor del 80 % de la producción agrícola.

Los cultivos tropicales más rentables son el café y la caña. El café se exporta pero el cultivo de la caña de azúcar es para el consumo interno. Otros cultivos tropicales importantes son frutas como plátanos, piñas y mangos; así como el cacao y el arroz. Se cultiva todavía la vainilla que es originaria de México. El algodón es un cultivo importante en las zonas agrícolas de exportación del Soconusco en Chiapas y del norte de México.

A partir de principios del siglo 21, la fuerza de trabajo rural sigue siendo importante, pero se va reduciendo. Los métodos de cultivo tradicionales de pequeñas parcelas trabajadas por familias y comunidades pequeñas siguen dominando en muchas regiones, especialmente aquellas con grandes poblaciones indígenas tales como la meseta del Sur. En estas zonas, los principales cultivos son el maíz, el frijol y la calabaza, como en el periodo mesoamericano. Muchos campesinos todavía subsisten gracias a la agricultura de autoconsumo y ganan dinero mediante la venta de los excedentes de sus cultivos en los mercados locales, especialmente en el centro y en el sur de México.

La exportación de productos agrícolas a los Estados Unidos es particularmente importante, sobre todo desde la creación del TLC. Mientras que sólo el doce por ciento de las exportaciones agrícolas de Estados Unidos van a México, aproximadamente el 60 % de las exportaciones agrícolas de México van a los Estados Unidos. La creciente población de México ha convertido al país en un importador neto de granos.  A causa del TLC, Estados Unidos obtiene ventajas frente a México en la producción de maíz, pero México se beneficia en relación con los Estados Unidos en la producción de hortalizas, frutas y bebidas. Entre los cultivos cuya exportación a Estados Unidos crece más rápido están las frutas y las verduras de invierno, así como los jugos de frutas y flores frescas. Dos productos importantes para la exportación a los Estados Unidos son el aguacate y el tomate. Estados Unidos prohibió la importación de aguacate por 80 años, por razones higiénicas. En el año 1997 se volvió a permitir la importación de aguacates de Michoacán a los Estados Unidos. La mayoría de los tomates importados que se consumen en la actualidad en los Estados Unidos provienen de México.

Entre las empresas agroindustriales mexicanas importantes se incluye al Grupo Maseca, con oficinas centrales en Monterrey. Este grupo ha modernizado la producción de harina de maíz en México y es el mayor productor de harina de maíz en los Estados Unidos. La empresa Pulsar Internacional en Monterrery tiene a su vez una serie de empresas agroindustriales de alta tecnología incluyendo a Savia, que opera en 123 países. Un gran número de empresas agroindustriales estadounidenses invierten sumas considerables en México, incluyendo la empresa de la Sopa Campbell, la General Mills, la Ralston Purina y la Pilgrim’s Pride. Esta última está en el segundo lugar entre los mayores productores de aves de corral en México.

Geografía y tenencia de la tierra

Figura 3. Campos en Cazones de Herrera, Veracruz.

México tiene un territorio de 198 millones de hectáreas de las cuales 15 % se dedican a cultivos agrícolas y 58 % se utilizan para la producción ganadera. Gran parte del país es o demasiado árido y/o demasiado montañoso para el cultivo o el pastoreo. Los bosques cubren 67 millones de hectáreas o el treinta y cuatro por ciento del país. El paisaje de México consta de dos grandes mesetas (Norte y Sur), las cadenas de montañas llamadas Sierra Madre Oriental y Sierra Madre Occidental y llanuras costeras estrechas. Hay una gran variedad de ecosistemas, la mayoría de ellos secos debido al hecho de que la mayoría del flujo húmedo que proviene del Golfo de México, es bloqueado por las cadenas de montañas de norte a sur, especialmente en el norte, donde el ecosistema es casi totalmente árido o semi árido. Las zonas húmedas del país son las de la costa del Golfo de México.

El clima y la topografía limita la producción agrícola a 20.6 millones de hectáreas, o el 10.5 % del territorio de la nación. Veinticinco por ciento de esta tierra tiene que ser irrigada. Alrededor de la mitad del territorio o 98 millones de hectáreas se utiliza para el pastoreo incluyendo las praderas naturales, diversos matorrales, bosques tropicales y bosques de coníferas y robles. Alrededor del 75 % de las tierras de pastoreo están en el norte de México.

El 65 % de los suelos en México son poco profundos y con bajo rendimiento para el cultivo de granos. Hay once tipos principales de suelo en México, determinados en su mayoría por sus características climáticas. Estos son el

Noroeste, el Golfo de California, el Pacífico Central, el Norte, el Centro, el Noreste, el Golfo de México, el valle Balsas, Oaxaca, el Pacífico Sur, el Sudeste y Yucatán. Los suelos más fértiles cubren alrededor del 26 % del país y son muy explotados. La mayor variedad de suelos se encuentra en el centro y el Golfo de México cuyas áreas tienen mayor densidad de población. Se estima que más de una quinta parte del territorio podría adaptarse para ser sembrada.

Alrededor de una quinta parte de los campos de México son de regadío, lo que es crucial para la producción comercial en el norte y el noroeste de México que son áridos y donde el algodón es el cultivo de regadío más importante. Los acueductos subterráneos van secándose a tasas mayores de un metro por año en la mayoría de las regiones. Una de las razones de este problema es el cultivo de alfalfa.

Cultivos

El cultivo de granos es el aspecto más importante de la agricultura en México y representa el 50 % de la producción agrícola. Los principales cultivos del país son el maíz, la caña, el sorgo, el trigo, los tomates, los plátanos, los chiles, las naranjas, los limones, las limas, los mangos y otras frutas tropicales, los frijoles, la cebada, los aguacates, el agave azul y el café. Los cultivos más importantes para el consumo interno del país son el trigo, los frijoles, el maíz y el sorgo. Los cultivos de exportación más importantes son el azúcar, el café, las frutas y verduras, la mayoría se exporta a los Estados Unidos. El cultivo de alimento animal más importante es la alfalfa, seguido del sorgo y del maíz.

El maíz es todavía el cultivo más importante en México, se cultiva en el 60 % de los sembradíos y contribuye a proporcionar a los seres humanos más del 9 % de la ingesta calórica y del 14 % de la ingesta de proteínas. Casi todo el maíz crece en el centro de México en la época de lluvias que va de junio a octubre. Mientras que México es autosuficiente en la producción de maíz para consumo humano, la mitad de las importaciones de granos de maíz a México son para la alimentación de animales. Muchos de estos cultivos son importantes a nivel regional. El trigo es el cultivo más importante en el noroeste, convertido ahora en el centro de la producción de cereales de México. Otros cultivos importantes en el noroeste son las verduras de invierno como el tomate y la lechuga, así como las oleaginosas. La zona tradicional de producción de granos en México fue la región del Bajío. La zona todavía produce trigo, maíz, hortalizas, cacahuetes, fresas y frijoles, sobre todo en las pequeñas propiedades. Las uvas para vino se cultivan en áreas como Baja California, Coahuila y Querétaro. México produce dos productos agrícolas que no se producen generalmente en otros lugares: el henequén, que se utiliza para producir una fibra fuerte y el maguey. Los dos

pertenecen a la familia de los agaves americanos. El maguey se utiliza para la fabricación del pulque y del mezcal. El Tequila es un tipo de mezcal hecho a partir del agave azul que se cultiva en una zona especial que queda, en su mayoría, en el estado de Jalisco.

 

 

Efectos de los plaguicidas sobre el ambiente y la salud

Desde las épocas tempranas del surgimiento y desarrollo del hombre, se tuvo la necesidad de combatir las plagas que afectaban sus cultivos y productos, con el uso de sustancias capaces de eliminarlos. En la llamada “era de los productos naturales” (antes de nuestra era hasta mediados del siglo XIX), se tienen evidencias en documentos escritos por Homero, del uso del azufre como sustancia “purificadora” para eliminar los hongos; el rey de Persia, Jerjes, usó las flores de piretro como insecticida y los chinos utilizaron los arsenitos para el control de roedores y otras plagas, alrededor del primer milenio después de nuestra era.

A partir de la Revolución Industrial, se observó un crecimiento de las zonas urbanas con una dependencia de las rurales para la obtención de los alimentos, lo cual requería de una mayor producción, almacenamiento y protección de los mismos. En consecuencia, hubo un incremento sustancial de producción de sustancias químicas como parte del sostenimiento del desarrollo industrial y de la agricultura, por lo que la rama química lanzó al mercado sustancias de toxicidad inespecífica pero de bajo costo.

En la segunda etapa, llamada “era de los fumigantes y derivados del petróleo” (mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX), se descubrieron accidentalmente la acción plaguicida de algunos elementos naturales como el azufre, cobre, arsénico, pire trinas (sustancias obtenidas de los pétalos del crisantemo y el fósforo; así mismo se inició el uso de los derivados del petróleo y se usaron otras sustancias relativamente sencillas como el ácido carbónico y fénico, el sulfato de cobre con cal (caldo de Burdeos), el acetoarsenito de cobre (verde de París) y diversos fumigantes como el disulfuro de carbono y el bromuro de metilo.

La tercera etapa, llamada “era de los productos sintéticos”, comenzaron a sintetizarse y utilizarse los dinitroderivados. Así mismo Müller, en 1940, descubre las propiedades insecticidas del dicloro-difenil-tricloroetano, conocido como DDT (Estrada, 1999), sustancia ampliamente conocida y utilizada en la segunda guerra mundial, para la eliminación de algunos ectoparásitos que transmitían enfermedades como el tifo.

A partir de esa fecha se sintetizaron otros plaguicidas potentes como los

organoclorados (poseen átomos de carbono, cloro, hidrógeno, en ocasiones oxígeno y son muy estables en el ambiente) y los organofosforados (derivados del ácido fosfórico), que son los más tóxicos y menos estables en el ambiente en relación a los organoclorados.

 

 

Efectos de los plaguicidas sobre la salud

Los plaguicidas entran en contacto con el hombre a través de todas las vías de exposición posibles: respiratoria, digestiva y dérmica, pues estos pueden encontrarse en función de sus características, en el aire inhalado, en el agua y en los alimentos, entre otros medios ambientales.

Los plaguicidas tienen efectos agudos y crónicos en la salud; se entiende por agudos aquellas intoxicaciones vinculadas a una exposición de corto tiempo con efectos sistémicos o localizados, y por crónicos aquellas manifestaciones o patologías vinculadas a la exposición a bajas dosis por largo tiempo.

Un plaguicida dado tendrá un efecto negativo sobre la salud humana cuando el grado de exposición supere los niveles considerados seguros. Puede darse una exposición directa a plaguicidas (en el caso de los trabajadores de la industria que fabrican plaguicidas y los operarios, en particular, agricultores, que los aplican), o una exposición indirecta (en el caso de consumidores, residentes y transeúntes), en particular durante o después de la aplicación de plaguicidas en agricultura, jardinería o terrenos deportivos, o por el mantenimiento de edificios públicos, la lucha contra las malas hierbas en los bordes de carreteras y vías férreas, y otras actividades.

La toxicidad de los plaguicidas se puede expresar en cuatro formas, a saber:

  • Toxicidad oral aguda: se refiere a la ingestión “de una sola vez” de un plaguicida, que causa efectos tóxicos en un ser vivo. Puede afectar tanto al manipulador como al resto de la población expuesta, aunque el riesgo de ingerir en una sola dosis la cantidad correspondiente a la DL oral aguda sólo puede ocurrir por accidente, error, ignorancia o intento suicida.
  • Toxicidad dérmica: se refiere a los riesgos tóxicos debidos al contacto y absorción del plaguicida por la piel, aunque es menos evidente y sus dosis letales son siempre superiores a las orales, es por eso que presenta mayor riesgo para el manipulador que para el resto de la población.

Toxicidad por inhalación: se produce al respirar una atmósfera contaminada por el plaguicida, como ocurre con los fumigantes, o cuando un ser vivo está inmerso en una atmósfera cargada de un polvo

insecticida o en pulverizaciones finas (nebulización, rociamiento o atomización).

  • Toxicidad crónica: se refiere a la utilización de dietas alimenticias preparadas con dosis variadas del producto tóxico, para investigar los niveles de riesgo del plaguicida, mediante su administración repetida a lo largo del tiempo. Las alteraciones más importantes a considerar son: problemas reproductivos, cáncer, trastornos del sistema neurológico, efectos sobre el sistema inmunológico, alteraciones del sistema endocrino y suicidio.

 

Alternativas del empleo de plaguicidas

Los productos y sistemas naturales, utilizados antes de la llegada de los productos químicos, vuelven a ser demandados por la agricultura ecológica, que aunque no son 100 % efectivas, algunas plantas resisten a las plagas a modo de repelentes naturales, por ejemplo, la madreselva, plantada cerca de los rosales, actúa como repelente de pulgones.

En la actualidad se afirma la tendencia de volver a las fórmulas que la naturaleza brinda, es decir, el retorno a las fórmulas orgánicas y naturales, y conseguir a partir de extractos vegetales insecticidas ecológicos con fórmulas que controlen y eliminen de manera eficaz determinadas plagas.

Importancia de la siembra orgánica

Según la ONU, para el año 2050 tres cuartas partes de la población vivirá en áreas urbanas.

La tierra siempre es jardín, farmacia, coto de caza o pastura para alguien (o todas estas cosas juntas). Si parece “subutilizada” es tal vez debido a su fragilidad o al papel que juega en la protección de los ecosistemas. Quienes proponen un uso más intensivo o diferente de la tierra en cuestión pueden perjudicar los modos de vida y supervivencia de otros.

En nuestro país por la diversidad de climas y suelos se pueden sembrar casi todos los cultivos que se desarrollan en el globo terrestre, y si utilizamos los métodos de manejo de productos orgánicos desde la siembra directa o en semilleros, hasta antes de la cosecha, tendríamos mejores productos a un mayor precio internacional; y lo más importante, esas plantas obtenidas bajo este sistema no afectan a la salud del consumidor, suelo, medio ambiente.

Es necesario que nuestros agricultores tengan educación suficiente y conozcan toda la tecnología de la llamada línea verde o manejo de cultivos con otras alternativas, y la inutilización de pesticidas agrícolas. La mayoría de alimentos que ingerimos: hortalizas, frutas…, están contaminados de productos químicos (insecticidas, fungicidas, fertilizantes…). Los agricultores o personas dedicadas a la producción, no tienen precauciones al aplicar los químicos. Utilizan entre

cinco o más productos en un solo control para eliminar plagas, enfermedades y, lo peor, cosechan a los dos o tres días de haberlos aplicados; cuando lo recomendado es cosechar mínimo 14 días después.

En parcelas demostrativas de cultivos de ciclo corto (soya, maíz, pimiento, sandía), utilizan alternativas de producción agrícola agregándole al suelo tamo de arroz quemado (ceniza) como desinfectante; u otros insecticidas caseros que se elaboran con jabón negro; o el ají licuado y cernido; o las hojas del neem (árbol parecido al jazmín de Arabia) que se las deja en agua por 24 horas, se licuan y luego ese líquido se aplica a las plantas, como repelente de insectos.

Tu propio jardín orgánico: las ventajas de tenerlo

Figura 4. Jardín en casa

Pareciera que cada que despertamos por la mañana, el precio de todo se ha elevado más, especialmente en los alimentos. Inevitablemente llenar la despensa básica, quieras o no, es una necesidad vital.

El cultivar tus propios alimentos podría sonar como algo difícil para la mayoría, ¡pero es mucho más fácil de lo que parece! (te ahorras el usar el coche para ir al supermercado por la despensa) y de esta manera ese tiempo “ahorrado” lo dedicas para plantar tus alimentos y lo mejor de todo… justo detrás de tu casa, ¡en el jardín!

Prepara tus guantes, pinzas y pala. Sólo necesitas semillas, tierra, agua, ganas y un poco de tiempo…y claro, tu jardín. Te mostramos unos cuantos beneficios (de tantos que existen) sobre cultivar tus propios alimentos.

¿Cuáles son las ventajas?

Ahorras dinero.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2010, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cada trimestre las familias mexicanas utilizan para la compra de alimentos 224 mil 500 millones de pesos, esto es un 32.7% del gasto corriente destinado a la compra de alimentos. Si plantas, cuidas y consumes tus propias frutas y verduras, reducirás parte de este costo considerablemente.

Mejora la salud de tu familia.

Es más saludable consumir productos frescos. Al comprarlos no sabes cuánto tiempo llevan empaquetados, al plantarlos y dejarlos crecer en tu jardín sabrás que fueron cultivados y regados apropiadamente, además de

que estarán libres de pesticidas y herbicidas. Un estudio publicado en el diario de The American Dietetic Association descubrió que niños de preescolar a quienes regularmente les servían alimentos cultivados en casa, tenían el doble de probabilidades de comer cinco frutas y verduras a diario que un niño al que jamás le habían dado productos de cosecha propia.

Reduce el impacto ambiental.

Liberarás a la tierra de muchos problemas: si no utilizas pesticidas o herbicidas para tus cosechas, no contribuirás a contaminación del aire y el agua. Además utilizas el automóvil para ir al supermercado, ¡el auto absorbe un tercio del petróleo producido en el mundo! (aun cuando sabemos que las reservas de petróleo son limitadas). Los automóviles no ecológicos despiden monóxido de carbono, contribuyendo a aumentar la contaminación atmosférica.

Ejercitarse ecológicamente.

La actividad que realizarás al plantar tus vegetales y frutas te mantendrá ejercitada: plantar, moverte, subir, bajar, además de que es una buena manera de relajarte y estar en contacto directo con la naturaleza.

Menos desperdicio.

Según cifras de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), tan sólo México tira 10.9 millones de toneladas de alimentos al año, cuando de acuerdo a la Asociación

Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA) en México hay más de 12 millones de personas en extrema pobreza, algo alarmante y triste si comparamos ambas cifras. La ventaja de sembrar tus alimentos es que desperdicias menos. La lógica es ésta: nos es más fácil desperdiciar cuando lo que tiramos no implica esfuerzo alguno, pero si piensas en tirar un tomate que te costó plantar, lo protegiste, le viste crecer y madurar, creas cierto lazo “sentimental” y sobretodo valoras el esfuerzo.

Aún hay muchísimas más razones por las cuales es beneficioso cultivar tus propios alimentos. Ayuda mutua, cuidas de tu familia, de ti y cuidas al planeta.

Por lo general quienes viven en casas pequeñas o departamentos piensan que no pueden tener sus propios cultivos. 
La realidad es que pueden tener desde plantas medicinales, aromáticas, ornamentales o verduras. Sólo se trata de aprender el método y después hacerlo un hábito mediante un cuidado constante.

El principal objetivo es producir en nuestra casa nuestros propios alimentos.

Las ventajas de tener un huerto en casa

Figura 5. Huerto en macetas

Las principales ventajas de tener un huerto en casa

Para los niños que tienen un huerto en casa pueden disfrutar de ver cómo crece la planta y las verduras y cómo después se utilizan para poder ponerlos en los platos cocinados. Además, el huerto también puede ser una buena actividad para desarrollar en familia, para pasar tiempo con los niños, para enseñar responsabilidades a los más pequeños y además, para poder estar en contacto directo con la naturaleza.

Además de todos los beneficios para salud, tener un huerto también te ayudará económicamente puesto que el cultivo de hortalizas te ahorrará el gasto en el supermercado para la compra de las verduras y hortalizas que plantes en casa.

Por si fuese poco también, tener un huerto ayuda a que tu hogar esté bien decorado porque las plantas y las hortalizas aportarán color y alegría a tu hogar, creando de este modo un ambiente cálido y acogedor.

También cabe destacar que el cultivo de un huerto familiar no es nada complicado ya que sólo se necesita dedicar un poco de tiempo al riego, a la fertilización y observar el estado de la salud de las plantas. Prestando atención a cada especie cultivada y dándole los cuidados que necesita podrás tener plantas y verduras para ti y toda tu familia.

Figura 6. Huertos en espacios pequeños.

¿Dónde puedes tener tu huerto en casa?

La falta de patio o de espacio en tu hogar no es una excusa para que no puedas tener tu huerto. Las casas con poco espacio también pueden tener su rincón para plantar y cultivar un huerto. Sólo deberás escoger un lugar donde reciba por lo menos un par de horas diarias de sol directo. Si tu casa tiene mucho sol durante todo el día puedes tener un huerto con macetas o contenedores de hierbas, verduras, legumbres, etc. Podrás tenerlo donde quieras de tu hogar. En cambio si tu hogar tiene pocas horas de luz al día podrás plantar algunas especies de

hierba y verduras en balcones o ventanas.

Deberás escoger la mejor manera para plantar en tu hogar, para ello es necesario que pienses en el espacio que tienes disponible, que consideres lo que quieres cultivar y que evalúes qué es lo mejor dependiendo de tu estilo de vida.

Algunos lugares donde puedes tener tu huerto en casa y poder disfrutar de todas sus ventajas: en una maceta recta para poder poner semillas o plántulas, macetas de diferentes formas y tamaños dependiendo del cultivo, envases reciclados, cajas de madera, frascos, etc.

 

Deberás tener en cuenta que si optas por recipientes que no sean aptos para el huerto tendrás que adaptarlos para poder conseguir que sean adecuados, para ello tendrás que hacer agujeros en la parte inferior para evitar que haya demasiada agua en la maceta que pudiera pudrir las raíces.

¿Cómo se cultivan los alimentos?

Una planta.

¡Rápido, rápido! Nacer, florecer, producir frutos, liberar las semillas… y morir antes del invierno, o descansar hasta el próximo año. Así es la vida de las plantas.

Una planta fabrica sí alimento a partir del agua (captada por las raíces) y de la Luz (captada por las hojas). Las semillas están en el interior del fruto; aquí, dentro del calabacín.

Los tallos tienen hojas y flores. Transportan el agua cargada de alimento por toda la planta.

Las flores permiten que la planta respire y transpire.

Un huerto en tiestos.

Aún que vivas en un piso, puedes tener tu propio huerto en tiestos.

Para estos huertos compra plantas para trasplantar en tiestos llenos de tierra buena; es más fácil que sembrar semillas.

Planta distintas especies (basta con una o dos de cada clase) disfruta viéndolas crecer y obteniendo una pequeña cosecha.

Las hierbas de olor no ocupan mucho espacio y perfuman las ensaladas.

Los trucos del hortelano.

Intenta conseguir semillas o plantas de amigos en vecinos jardineros. ¡Es estupendo intercambiarlas!

Si puedes, observa todos los días tus plantaciones para comprobar que todo va bien, regar o quitas las malas hierbas.

Riega las plantas sobre todo las de los tiestos. El agua es el secreto de una bien hortelano.

Sobre todo, no tengas prisa: ¡tú tampoco creciste en un solo día!

Si es demasiado tarde para sembrar, puedes comprar plantas en una tienda de jardinería y trasplantarlas a tu huerto. ¡Es más fácil!

 

La primavera.

Esta es la época de crear tu huerto. Todo crece muy rápido. Hay que sembrar y plantar en primavera para aprovecharse durante todo el verano.

Algunas plantas necesitan un soporte que las ayude a trepar.

No te olvides de regar justo después de sembrar o plantar… y después, cada 2 ó 3 días.

Tu huerto atraerá muchos insectos. Pero NO UTILICES INSECTICIDAS. Aprovecha para observar a estos animalitos.

¿Cómo se planta?

-Haz un agujero en la tierra.

-Marte la planta recta.

-Átala el agujero y aplasta la tierra antes de regar.

Puedes comprar plantas en una tienda de jardinería o sembrarlas tu mismo…

Pero ¿sabes sembrar?

¿Cómo se siembra?

-Deja en remojo las semillas una noche.

-Introdúcelas a 1 ó 2 centímetros bajo tierra, en línea i en grupos de 2 ó 3. Riégalas y espera.

-Pasados unos días o unas semanas la semilla germina y de la tierra sale una plantita.

El verano.

Bajo el sol del verano, el huerto trabaja solo. No dejes crecer demasiado las malas hierbas y, sobre todo, riega tus plantas.

Con el calor la tierra se endurece en la superficie. Utiliza un binador para quitar las malas hierbas y romper la costra: el agua se absorberá mejor.

El otoño.

En septiembre tu huerto está más bonito que nunca. Si los has cuidado bien mantendrá sus promesas… ¡hasta noviembre!

Para concluir un poco de historia.

Fig. 7 Historia de huertos

Durante cientos de años, los pequeños agricultores y las comunidades rurales han desarrollado y conservado una gran diversidad de

cultivos en sus huertos familiares. A través de la adaptación al lugar, al clima y a las técnicas de cultivo, estas plantas tradicionales son una fuente de producción e ingresos durante todo el año, aun sin hacer uso de insumos agrícolas sofisticados.

En su forma más simple, un huerto familiar produce frutas, hortalizas y hierbas para unas comidas deliciosas y saludables.

Las investigaciones sugieren que los huertos familiares pueden satisfacer hasta la mitad de todas las necesidades de alimentos no básicos y suministrar una cantidad importante de vitaminas y minerales.  Esto hace de ellos un inestimable instrumento para la seguridad alimentaria en las comunidades vulnerables.

‘Imagínate que un día pierdes todo lo que posees. No solo eso, pierdes también tus medios de vida, tus posibilidades de alimentarte a ti mismo y a tu familia. Esto le sucedió a Shazadi, una mujer paquistaní cuyo hogar fue destruido en una inundación en 2012, junto con los cultivos de cuatro acres de tierra que su marido Abdul Nabi arrendaba para la agricultura. Shazadi y Abdul tienen ocho hijos y no estaban seguros de cómo se harían cargo de sus necesidades.

Shadazi tuvo la suerte de estar entre las 2 5000 mujeres beneficiarias del apoyo que la FAO prestó en la zona tras la inundación en el marco de un programa de horticultura familiar.

Al mes de empezar a trabajar su huerto, las plantas de Shazadi comenzaron a dar frutos: primero tomates y cebollas, después gombo. Produjo suficientes hortalizas para tres meses de consumo de su familia, lo que les permitió ahorrar 9 000 rupias en gastos alimentarios. Además, pudo almacenar 60 kg de cebollas para usarlas en el futuro.

 

Además de cultivar alimentos para su familia, Shazadi consiguió vender algunas hortalizas que había producido. Al final de la campaña, su hogar había ganado 14 000 rupias’.

Los huertos familiares están brotando no solo en las comunidades vulnerables, sino también en importantes metrópolis. Hoy, se pueden observar en los balcones, verandas y terrazas de los apartamentos.

Si estás pensando en reproducir esta experiencia positiva en tu propio patio o bloque de apartamentos, pregúntate:

  • ¿Cuáles son los objetivos de mi huerto?
  • ¿A cuántas personas quiero alimentar?
  • ¿Qué cantidad de alimentos quiero producir?
  • ¿Durante qué período de tiempo?
  • ¿Qué tipo de alimentos quiero cultivar?

Fig. 8 Mujeres cosechando

Durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos comienza a usarse esta forma de cultivo en las ciudades, y se llegan a consumir hasta un 40% de alimentos procedentes de los huertos urbanos. Pasan a denominarse “Victory gardens” o War gardens”. Se habían convertido en indispensables ya que durante las dos grandes guerras muchos países europeos no se podían permitir depender de las importaciones y había que asegurarse el alimento.

Fig. 9 Huertos en jardín

Estados Unidos, Alemania o Reino Unido usaban gran variedad de terrenos para este tipo de cultivo urbano, como campos de fútbol o parques y jardines, acompañándolo de propaganda para fomentar su uso. A partir de los años 60 vuelven a resurgir, pero ya de la mano de movimientos ecologistas y de rechazo al sistema. En muchos otros países loen la actualidad se produce de esta manera debido a la necesidad, como en Cuba por ejemplo, pero en los más desarrollados se está implantando como eficaz alternativa a la cesta de la compra en los supermercados.

Comerás más sano y sabrás lo que comes

Los alimentos que cultives en tu huerto, sobre todo si empleas para ello abonos orgánicos y fitosanitarios ecológicos, estarán libres de residuos químicos derivados de la fumigación y fertilización. Quizás algunos de ellos sean inocuos a largo plazo para el cuerpo humano pero si podemos evitar ingerirlos mucho mejor.

Por otro lado, la gran mayoría de los alimentos que puedes comprar en un supermercado, provienen de una agricultura intensiva que persigue abaratar costes, reducir el ciclo del cultivo al máximo y poner en el mercado el producto antes que nadie para incrementar los márgenes comerciales. Esto se traduce en la utilización de variedades muy seleccionadas para estos fines en detrimento del valor nutricional. Habrás escuchado, o incluso pronunciado, la frase: “Los tomates del súper no saben a nada, es todo

agua”. Al acelerar la producción, las hortalizas no disponen de tiempo para asimilar los nutrientes de forma óptima y muchas veces se cosechan antes de que alcancen un buen grado de maduración, por aquello de que se conservan mejor.

En tu huerto orgánico todo irá más lento. Las plantas se tomarán su tiempo para crecer, fructificar y madurar. Tus hortalizas crecerán al sol y al aire, en unas condiciones naturales que se imprimirán en la calidad nutricional y el sabor de los frutos o partes comestibles. Tú decidirás cuando cosechar según tus necesidades, según el estado de las hortalizas, la fase lunar, el grado de humedad, etc. Muchas de ellas, como la zanahoria, donde mejor se conservan es en el huerto así que, si no las necesitas, podrás dejar que sigan madurando y tomando nutrientes del ambiente.

Fig. 10 Entrada a la Biblioteca Municipal

Fig. 11 Entrada a la Biblioteca Iktan Alexis

Fig. 12 Entrada a Biblioteca Regina

Fig. 13 Investigación en libros

Fig. 14 Buscando Bibliografía

Fig. 15 Búsqueda de información

Fig. 16 seleccionando información

Fig. 17 recopilando información

 

Historia de Huertos Familiares

 

 

 

 

 

 

 

Objetivo

Dar a conocer a la población las ventajas de cultivar sus propios alimentos en un huerto casero reduciendo así la huella de carbono beneficiando al planeta.

Reencontrarse con la naturaleza. Un huerto hace que tu contacto y respeto por la naturaleza sea mucho más intenso.

Justificación

Podemos promover en la comunidad del Centro Escolar Zamá que sembrando nuestros propios alimentos, fortalecemos la alimentación sana y equilibrada, además de aprender a valorar el medio ambiente y su importancia en la vida humana, así como acercar al alumnado con su entorno natural.

Hipótesis

Si se siembran los alimentos con los cuidados necesarios, entonces se logra mejorar la alimentación y beneficiar el medio ambiente.

Método (materiales y procedimiento)

PARA HACER HUERTO EN HUACALES

MATERIALES

  1. Caja de madera con plástico (de preferencia negro)
  2. Engrapadora de madera
  3. Tijeras
  4. Tierra
  5. Gravilla
  6. Abono
  7. Pala
  8. Semillas
  9. Regadera

Procedimiento para preparar la tierra

 

  1. Vaciar la tierra
  2. Vaciar la gravilla
  3. Vaciar el abono
  4. Mezclar todo con la pala

 

Procedimiento para preparar el espacio para sembrar

 

  1. Colocar el plástico en la caja de madera
  2. Engrapar para evitar que se mueva
  3. Hacer pequeñas perforaciones en el plástico con las tijeras (base de la caja para drenar el riego)
  4. Colocar el abono, la tierra y la gravilla dentro de la caja, dando una   profundidad de la mezcla de aproximadamente 15 cm.
  5. Humedecer la tierra
  6. Realizar surcos
  7. Depositar las semillas en los surcos
  8. Cubrir las semillas con la tierra
  1. Colocar la caja en un lugar donde reciba luz solar el mayor tiempo posible
  2. Regar cada 3er día.

Aplicación de Encuestas: Los integrantes del equipo utilizaron 18 encuestas

Contenido: 7 preguntas

Población abierta de forma aleatoria

 

Interpretación de resultados

 

PREGUNTA 1 ¿CREE QUE ES IMPORTANTE EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE?

SI 18
NO 0

 

PREGUNTA 2 ¿CREE QUE TENER UN HUERTO EN CASA AYUDE A CONTAMINAR MENOS?

SI 18
NO 0

 

PREGUNTA 3
DIARIO 13
2-3 VECES POR SEMANA 5
CASI NUNCA 0

¿CON QUÉ FRECUENCIA COMEN FRUTAS Y VERDURAS EN SU FAMILIA?

 

PREGUNTA 4 ¿SABE QUÉ ES UN HUERTO?

SI 18
NO 0

 

PREGUNTA 5
SI 17
NO 1

¿LE GUSTARÍA TENER UN HUERTO EN CASA?

 

 

 

PREGUNTA 6
SI 11
NO 7

¿CONOCE A ALGUIEN QUE TENGA UN HUERTO?

 

 

 

PREGUNTA 7 ¿QUÉ LE GUSTARÍA PLANTAR EN SU HUERTO SI TUVIERA UNO?

PEPINO 2
ZANAHORIA 5
CILANTRO 2
JITOMATE 9
CEBOLLA 4
ACELGA 1
ESPINACA 1
PAPAS 4
APIO 1
EPAZOTE 1
FRIJOLES 1
TOMATE 2
CHILE 4
HABANERO 1
FRESA 2
MANZANA 2

 

 

 

 

 

Galería Método

Resultados

  • Reconocimos la importancia de sembrar nuestros propios alimentos, es benéfico para la salud y el medio ambiente.
  • Sembrar las semillas fue muy sencillo y divertido
  • Aprendimos que si cuidamos las plantas que sembramos crecerán, la cosecha será de buena calidad y nos ayudaran a mejorar nuestra salud
  • Sabemos que la mayoría de nuestros conocidos les gustaría al igual que nosotros sembrar sus propios alimentos

Galería Resultados

Discusión

Conclusiones

De la información dada, la principal conclusión es que hay muchas vías para mejorar la situación actual referente a la promoción y desarrollo del huerto familiar. El uso del huerto familiar para mejorar la nutrición de la familia, puede realizarse a través de varias estrategias, las cuales deben incluir, entre otras, las siguientes:

Elevar el interés del pequeño agricultor y su familia sobre el enorme potencial que tiene el huerto familiar para proveer diariamente una variedad de alimentos que mejoren la nutrición, además de incrementar sus ingresos con la venta de algunos productos excedentes.

Incentivar, aconsejar y dar un adecuado apoyo técnico y administrativo al pequeño agricultor y su familia para que pueda iniciar una acción inmediata en el mejoramiento de su huerto familiar.

 

 

Tener un huerto familiar implica un gran esfuerzo; claro está que sin lugar a dudas vale la pena, pues los frutos no solo se resumen a las hortalizas que obtendremos en nuestra propia casa, sino también a la unión familiar que poco a poco se va logrando, mientras cultivamos la tierra. Y si aún no te convence la idea, te invito a leer los múltiples beneficios que esta actividad otorga:

Pasas más tiempo con tu familia. Al ser un proyecto familiar, todos pueden hacer pequeños aportes que contribuyan al éxito del huerto. Los más pequeños pueden ayudar removiendo malezas, regando, cosechando, plantando y todo lo que se necesite, pues son actividades

  • que no representan peligro para ellos.
  • Ahorras dinero. Comprar semillas en grandes tiendas resulta muy económico comparado con todos los frutos que puedes llegar a producir.
  • Ayudas al medio ambiente. Seguramente te preguntarás cómo es esto. Pues bien, no necesitas de ningún medio de transporte o bolsa plástica para hacer llegar los productos a tu hogar, por ende, la contaminación ambiental disminuye a cero.
  • Fomentas la vida al aire libre. Esta actividad te ayuda a ganar la batalla contra el sedentarismo y las pantallas, pues por fuerza tendrán que salir para realizar las tareas diarias.

 

  • Comes sano y fresco. Poco a poco tus hijos se interesarán por comer una mayor cantidad de frutas y verduras frescas, recién cosechadas por ellos mismos. Por lo que el sobrepeso u obesidad podrán comenzar a salir de casa.
  • Te relaja. El contacto con la tierra es una de las cosas que se hacen en silencio, por lo que también te ayudará a encontrar un minuto de paz y conexión contigo mismo.
  • Sabes qué es lo que comes. Puedes estar seguro del tipo de agua con la cual está regado tu huerto, sin tener que preocuparte por las diferentes infecciones estomacales que pueden atacar a tu familia.
  • Experimentas la satisfacción del trabajo en equipo. El día a día parece cada vez más rápido, es por este motivo que observar lo que lograron hacer como familia, con sus propias manos y esfuerzo, dará aún más unión y amor a tu familia.
  • Puedes adaptarlo a tu espacio. No hay excusa que valga para no hacer un huerto familiar. Pues puedes hacerlo de diferentes tamaños, circunstancias y según el espacio con que cuentes, siempre adaptándolo a las reales necesidades de tu familia.

Eres tú quien decide el uso de agroquímicos. Hoy todas las hortalizas que compramos en el supermercado contienen diferentes tipos de agroquímicos, pero en el caso de tu huerto eres tú quien decide si usarlos o no.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

 

  • Seddon, George. El libro guía de la alimentación natural. Enciclopedia Salvat de la Familia.

 

 

  • García Barrera Pedro. Educación Ambiental. Edit. EPSA.

 

  • Manual de cultivo de Hortalizas, extraido de la siguiente dirección:

 

  • unodc.org › documents › bolivia › DIM_Manual_de_cultivo_d…

 

  • Como hacer un huerto en casa con poco espacio extraído de la siguiente dirección:

                  blog.oxfamintermon.org › como-hacer-un-huerto-en-casa-con-poco-e.

 

 

Summary

Research Question

Problem approach

Background

Objective

Justification

Hypothesis

Method (materials and procedure)

Results

Discussion

Conclusions

Bibliography