Equipo [Equipo 4] Diana Elena Campoy Avella[Lagarto], Dea Anelisse Martínez Olvera[Lagarto], Fátima Medrano Castillo[Lagarto]
Las mantarrayas no solo “existen”: sostienen equilibrios, conectan mundos y nos enseñan otra forma de habitar el planeta. Esta especie viaja grandes distancias y, en ese ir y venir, transporta nutrientes y energía entre distintos ecosistemas marinos, ayudando a que el océano funcione como un todo.
Son altamente sensibles a los cambios ambientales; por esta razón, cuando sus poblaciones disminuyen, suele ser una señal clara de que algo no está bien en el océano. Lamentablemente, las mantarrayas enfrentan diversas amenazas, principalmente la pesca, impulsada por la demanda de sus branquiespinas en la medicina tradicional. Por ello, su protección es crucial para garantizar la vitalidad del entorno marino para las futuras generaciones.
Manta rays don’t just “exist”: they maintain balance, connect worlds, and teach us another way to inhabit the planet. This species travels great distances and, in its comings and goings, transports nutrients and energy between different marine ecosystems, helping the ocean function as a whole.
They are highly sensitive to environmental changes; for this reason, when their populations decline, it is often a clear sign that something is wrong in the ocean. Unfortunately, manta rays face various threats, mainly fishing, driven by the demand for their gill plates in traditional medicine. Therefore, their protection is crucial to ensuring the vitality of the marine environment for future generations.
Nopa rayos manta techmachtiaj seyok tlamantli tlen ika ti itstosej ipan ni Tlaltipaktli. Ni tlamantli kiuika tlakuali uan chikaualistli tlatlajko tlen tlatlamantli ecosostemas tlen eltok ipan ueyi alt, uan kipaleuia nopa ueyi alt ma tekiti kej se tlamantli. Teipa, inijuantij elij se tlamantli tlen poliuis uan kiixnamikij tlauilankayotl pampa michkitskiaj. Inin tlamokuitlauilistli tlauel ipati pampa kiyektlalis nopa nemilistli tlen onka ipan ueyi atl.
Las mantarrayas son mucho más que simples “alfombras mágicas” marinas. Esta especie es esencial para el equilibrio de los arrecifes de coral, cumple un papel fundamental en el ecosistema del océano abierto y funciona como un importante indicador de la salud marina. Sin embargo, actualmente se encuentra en peligro de extinción debido principalmente a la pesca.
Esta investigación tiene como propósito dar a conocer la importancia de las mantarrayas y la necesidad de protegerlas.
Elegimos este tema porque queremos saber más de las mantarrayas
Conocer las características de la mantarraya para valorar la especie y evitar daño a la misma y que la población conozca a cerca de ellas.
Si damos a conocer las maravillas de las mantarrayas entonces evitaremos que desconozcan sobre esta especie.

Figura 1. Mantarraya.
Descubrir las maravillas que posee la mantarraya
Conocer a esta especie de forma integral, abarcando su hábitat, comportamiento, función en el ecosistema, su importancia y el impacto ambiental que provocaría su extinción.
Investigación de campo:
Acudimos a la biblioteca “José María Morelos y Pavón para ampliar nuestra investigación documental.

Figura 2. Visita a la biblioteca.

Figura 3. Investigación por Internet.

Figura 4. Visita al acuario.

Figura 5. Visita al acuario.
A través de encuestas dirigidas al público en general, las alumnas recopilaron información que permitió analizar, de manera estadística, el conocimiento existente sobre esta especie y su conservación.

Figura 6. Encuesta.

Figura 6 Entrevistas y encuestas. Figura 7 Entrevistas y encuestas.


Figura 8 Entrevistas y encuestas. Figura 9 Entrevistas y encuestas.
Mantarrayas y su importancia en el ecosistema:
Las mantarrayas desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas marinos. Al alimentarse de plancton, contribuyen a la regulación de estas poblaciones y al equilibrio de las redes tróficas, evitando desequilibrios que podrían afectar a otras especies. Además, debido a sus desplazamientos a gran escala, participan en la redistribución de nutrientes entre distintas regiones del océano, favoreciendo la conexión entre ecosistemas costeros y oceánicos.
Desde una perspectiva ecológica, las mantarrayas son consideradas especies indicadoras de la salud de los ecosistemas marinos, ya que su presencia suele estar asociada a ambientes productivos y relativamente bien conservados. Cuando sus poblaciones disminuyen, puede ser una señal de sobrepesca, contaminación o alteraciones en el equilibrio ambiental.
Asimismo, tienen un alto valor económico a través del ecoturismo, especialmente en regiones donde el buceo con mantarrayas representa una fuente importante de ingresos para las comunidades locales. A diferencia de la pesca extractiva, el turismo responsable promueve su conservación y genera beneficios sostenibles a largo plazo.
Sin embargo, las mantarrayas enfrentan amenazas significativas, como la pesca incidental, la captura directa y la degradación de su hábitat. Debido a su crecimiento lento y baja tasa reproductiva, su recuperación poblacional es limitada. Por ello, su protección resulta esencial no sólo para preservar la especie, sino también para mantener el equilibrio y la salud de los ecosistemas marinos en los que habitan.
Tamaño y morfología:
Las mantarrayas, pertenecientes al género Mobula (anteriormente Manta), son organismos marinos de gran tamaño que habitan principalmente en aguas tropicales y subtropicales del planeta. Estas especies se distinguen no sólo por su imponente morfología, sino también por su relevancia ecológica dentro de los ecosistemas marinos. En los últimos años, el interés científico y conservacionista por las mantarrayas ha aumentado debido a la disminución de sus poblaciones causada por actividades humanas.
Las mantarrayas son consideradas las rayas más grandes del mundo. Pueden alcanzar una envergadura de entre 4 y 7 metros, medida que corresponde a la distancia entre las puntas de sus aletas pectorales extendidas, y un peso que puede superar los 1,300 kilogramos. Su cuerpo es aplanado dorsoventralmente y presenta una forma romboidal que les permite desplazarse eficientemente en el agua.
Una de las características morfológicas más distintivas de las mantarrayas son sus grandes aletas pectorales, las cuales utilizan para impulsarse y maniobrar, simulando un movimiento similar al vuelo. En la región cefálica poseen dos aletas modificadas, conocidas como aletas cefálicas, que se enrollan y desenrollan para dirigir el plancton hacia la boca durante la alimentación. La boca es amplia y se localiza en posición frontal, a diferencia de otras rayas cuya boca se encuentra en la parte ventral.
Las mantarrayas carecen de aguijón venenoso en la cola, lo que las hace inofensivas para el ser humano. Su esqueleto está compuesto de cartílago, como el de los tiburones, y su coloración suele ser oscura en el dorso y clara en el vientre, con patrones únicos que permiten la identificación individual de los ejemplares.
Hábitos y comportamiento:
Las mantarrayas son animales marinos de comportamiento tranquilo y elegante. Sus hábitos están estrechamente ligados al océano abierto y a zonas costeras ricas en plancton, que constituye su principal fuente de alimento. Se alimentan filtrando grandes cantidades de agua mientras nadan con la boca abierta, aprovechando sus branquias para retener el plancton.
Son especies migratorias, capaces de recorrer largas distancias en busca de alimento, aguas más cálidas o zonas de reproducción. Durante estos desplazamientos suelen moverse solas o en pequeños grupos, aunque en ciertas temporadas pueden reunirse en grandes concentraciones donde el alimento es abundante.
Las mantarrayas también presentan comportamientos sociales interesantes. Se ha observado que interactúan entre ellas y con otras especies marinas, y que utilizan estaciones de limpieza, donde peces pequeños eliminan parásitos de su cuerpo, lo que forma parte de sus rutinas habituales.
En cuanto a su reproducción, tienen un crecimiento lento y pocas crías, lo que las hace especialmente vulnerables a las amenazas humanas. Son animales curiosos e inteligentes, pero no agresivos, y suelen evitar el conflicto, lo que refuerza su imagen de criaturas pacíficas del océano.
Generalmente, las mantarrayas se mantienen activas durante el día, mientras que por la noche descansan para conservar energía. Su descanso es considerado un sueño activo, lo que significa que permanecen en reposo, pero conscientes de su entorno. A diferencia del ser humano, no presentan un sueño profundo, lo que les permite mantenerse alertas ante posibles depredadores. Pasan la mayor parte del día buscando alimento y pueden alcanzar velocidades de hasta 35 km por hora en cortos periodos de tiempo. Esto es posible gracias a sus aletas pectorales, que se mueven con un movimiento ondulatorio similar al de las aves, permitiéndoles maniobrar con gran facilidad en el agua.
Dieta y longevidad:
Las mantarrayas tienen una dieta basada principalmente en el plancton, que incluye pequeños organismos como crustáceos, larvas y peces diminutos. Para alimentarse, nadan con la boca abierta y filtran grandes volúmenes de agua utilizando sus branquias especializadas, reteniendo el alimento necesario para su desarrollo y supervivencia. Este tipo de alimentación las convierte en especies clave para el equilibrio del ecosistema marino, ya que ayudan a regular las poblaciones de plancton.
En cuanto a su longevidad, las mantarrayas son animales de vida larga. Se estima que pueden vivir entre 40 y 50 años, e incluso más en condiciones favorables. Sin embargo, su crecimiento es lento y su reproducción limitada, ya que tienen pocas crías a lo largo de su vida. Esta característica hace que sus poblaciones sean especialmente vulnerables a amenazas como la pesca y la degradación de su hábitat.
La combinación de una dieta especializada y una larga esperanza de vida refleja la importancia de proteger a las mantarrayas, pues cualquier alteración en su entorno puede tener consecuencias significativas tanto para la especie como para el equilibrio del océano.
Enemigos naturales:
A pesar de su gran tamaño y apariencia imponente, las mantarrayas tienen algunos enemigos naturales dentro del ecosistema marino. Entre sus principales depredadores se encuentran ciertos tiburones de gran tamaño y, en menor medida, las orcas. Estos depredadores suelen atacar principalmente a ejemplares jóvenes o debilitados, ya que los adultos sanos pueden defenderse gracias a su fuerza, velocidad y maniobrabilidad.
Desde una perspectiva ecológica, la presencia de depredadores forma parte del equilibrio natural de los océanos. La depredación contribuye a la regulación poblacional y favorece la selección natural, asegurando que sobrevivan los individuos más fuertes y adaptados. En este sentido, la interacción entre mantarrayas y sus depredadores es un proceso natural que mantiene la dinámica de los ecosistemas marinos.
Sin embargo, a diferencia de sus enemigos naturales, la principal amenaza para las mantarrayas proviene de la actividad humana. La pesca dirigida, la captura incidental y la degradación del hábitat representan riesgos mucho mayores que la depredación natural. Debido a su lento crecimiento y baja tasa reproductiva, las mantarrayas no pueden recuperarse con facilidad ante estas presiones.
Por ello, aunque cuentan con depredadores naturales dentro del océano, es la intervención humana la que actualmente pone en mayor riesgo la estabilidad de sus poblaciones.
Qué podemos hacer para protegerlas:
Protección legal.
En el presente las mantarrayas gozan de protección internacional. La CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) incluyó en 2013 a las mantarrayas en su Apéndice II; esto significa que su comercio está fuertemente restringido so pena de incidir en un acto que pone en peligro las poblaciones del género Manta.
Nueva Zelanda fue uno de los primeros países en crear leyes para la protección de las mantarrayas.
Años antes, en 2011, la Convención de Especies Migratorias (CMS) comenzó́ a protegerlas en aguas internacionales y en ese mismo año fueron clasificadas como especies vulnerables en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Aunque estas medidas de categoría internacional han representado un avance, son aún muy recientes y casi escasas en comparación con los esfuerzos de conservación de otros animales.
Los países que albergan mantarrayas también tan tomado cartas en el asunto. Nueva Zelanda fue uno de los primeros países en hacerlo, mediante la Ley de Vida Silvestre en 1953 (Wildlife Act). Varias décadas después la República de Maldivas eliminó la práctica de la exportación de partes de cualquier especie de rayas e incluyó a las mantarrayas. En 2009, este país comunicó la creación de dos áreas marinas protegidas que son hábitats clave de las mantarrayas. En el oeste de Australia, la pesca, la perturbación y el acoso están prohibidos en los parques marinos.
Últimamente, Indonesia se ha caracterizado por sus medidas estrictas en contra de la pesca de estos peces. En enero de 2014 el gobierno indonesio anunció su intención de proteger a la mantarraya gigante (Manta birostris) y la mantarraya de arrecife (Manta alfredi) y declararon a ambas como especies protegidas por las leyes del país. En agosto y septiembre de 2014 comenzaron a circular las noticias de las primeras detenciones a los pescadores que infringieron esta ley, ya que sus actividades se sitúan en el marco de la ilegalidad. En dicho año fue instaurado el mayor santuario de mantarrayas, que abarca más de 2 millones de metros cuadrados.
Por otra parte, en 2011 nació una organización dirigida a la investigación y conservación de estos peces: Manta trust, con sede en Reino Unido. De acuerdo con su página web, su visión es un futuro sostenible para los océanos en los cuales las mantarrayas se desarrollen en diversos ecosistemas marinos saludables. Otra organización sobresaliente es Marine Mega fauna Foundation, co-fundada por la Dra. Andrea Marshall, persona clave en de la identificación de las dos especies de mantarraya en 2009.
¿Más especies?
Las mantarrayas no han sido generosamente estudiadas como otros animales, por lo que si taxonomía, características físicas y biológicas pueden ampliarse o modificarse con el curso de las investigaciones. Probablemente salga a relucir al menos una especie más, por lo que si el mundo de las mantarrayas es lo tuyo no dudes en seguir informado.
Graficas.

Figura 10 Gráfica de encuestas. Figura 11 Gráfica de encuestas. Figura 12 Gráfica de encuestas.

Figura 13 Gráfica de encuestas. Figura 14 Gráfica de encuestas. Figura 15 Gráfica de encuestas.
Los resultados de las encuestas muestran que el 100% de las personas encuestadas conoce a las mantarrayas, lo que indica que es una especie reconocida por el público. Sin embargo, el 100% desconoce cuántas especies existen, lo que demuestra que el conocimiento es general y no profundo.
En relación con su tiempo de vida, la mayoría de los participantes (60%) consideró que viven aproximadamente 10 años, mientras que un menor porcentaje eligió 20 o 30 años, lo que evidencia desinformación sobre su longevidad real.
Respecto a su alimentación, el 60% afirmó saber qué comen, aunque aún existe un 40% que desconoce este aspecto básico de su biología. En cuanto a la reproducción, el 66.7% señaló no saber cómo se reproducen, confirmando que este es uno de los temas menos conocidos.
Finalmente, ante la pregunta sobre cómo proteger su hábitat, las respuestas mostraron disposición positiva hacia la conservación, destacando acciones como informarse más, no contaminar el mar y evitar la pesca. Esto refleja interés y conciencia ambiental, aunque también la necesidad de mayor educación e información sobre la especie.
En conclusión, los resultados indican que, aunque las mantarrayas son conocidas por la población, existe un nivel limitado de conocimiento específico, lo que refuerza la importancia de proyectos de divulgación como el presente.
A lo largo de esta investigación pudimos comprender que las mantarrayas son mucho más que animales impresionantes por su tamaño; son especies fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos. Su papel en la regulación del plancton, la redistribución de nutrientes y su función como indicadoras de la salud del océano demuestra su gran importancia ecológica.
También aprendimos que, a pesar de tener pocos enemigos naturales, las actividades humanas representan su mayor amenaza. La pesca, el comercio ilegal y la degradación de su hábitat han provocado la disminución de sus poblaciones, lo que pone en riesgo no solo a la especie, sino al equilibrio del entorno marino.
Finalmente, concluimos que es necesario informar y sensibilizar a la población sobre la importancia de proteger a las mantarrayas. Conocerlas de manera integral nos permite valorarlas y comprender que su conservación es una responsabilidad compartida.