Ciencias Exactas y Naturales

PK – 109- EN LAS CONSTELACIONES: IMAGINANDO EN EL CIELO

  • Categoría: Pandilla Kids (3ro., 4to., 5to. y 6to. Año de primaria)
  • Área de participación: Ciencias Exactas y Naturales
  • Asesor: Lorena Castillo Ruiz
  • Autor: DONI SINARI CASTRO GONZALES ()

Resumen

Una constelación es un grupo de estrellas que toma una forma imaginaria en el cielo nocturno. Son usualmente nombradas en honor a caracteres mitológicos, gente, animales y objetos.

En diferentes partes del mundo, la gente ha inventado diferentes formas para los mismos grupos de estrellas brillantes.

Esto es como un juego de conectar puntitos en una hoja de papel, en el pasado la creación de imágenes imaginarias de las estrellas fue útil para la navegación en la noche y para seguir el curso de las estaciones.

Las estrellas que se puede observar en una noche clara forman determinadas figuras que llamamos “constelaciones”, y que sirven para localizar más fácilmente la posición de los astros.                                             

En total hay 88 agrupaciones de estrellas que aparecen en una esfera celeste y que toman su nombre de figuras religiosas o mitológicas, animales u objetos.

Pregunta de Investigación

¿Que son las constelaciones, cuantas se han reconocido en la esfera celeste y cuáles son las que pueden ver con mayor facilidad?

Planteamiento del Problema

En la actualidad existen 88 constelaciones en la esfera celeste; pero no todas se pueden ver a simple vista, ni tampoco en todas las estaciones del año. Por ello se va a indicar cuales son las que se pueden observar en verano, primavera, otoño e invierno; de igual manera en que estación del año son más visibles.

Antecedentes

HISTORIA DE LAS  CONSTELACIONES

Las constelaciones son agrupaciones estelares arbitrariamente relacionadas entre sí. Puesto que en el cielo lo único que vemos es una proyección de todos los astros, nos encontramos que las estrellas que se encuentran próximas en la bóveda del cielo formando una constelación, en realidad se encuentran separadas entre sí distancias que pueden ser enormes. El Zodíaco Uno de los grupos de constelaciones más famosos es el zodíaco y es también uno de los más antiguos. Actualmente está formado por doce constelaciones, y posee una importancia especial por que es el grupo de constelaciones por donde discurre la eclíptica, es decir, por donde se va desplazando el Sol a lo largo del año. Como la Luna y los planetas poseen órbitas que además se encuentran prácticamente en el mismo plano que la órbita terrestre, estos también se mueven en el cielo cerca de la eclíptica, cruzando también todas las constelaciones del zodíaco. La visibilidad3 de las constelaciones Excepto las estrellas, y por tanto las constelaciones circumpolares que son visibles en cualquier noche del año, el resto de las constelaciones que son ocultadas temporalmente por el horizonte, sólo son visibles en determinadas épocas del año. Así es frecuente oír que Orión es una “constelación de invierno para el hemisferio norte y de verano para el hemisferio sur “, mientras que el Cisne o Sagitario son “constelaciones de verano para el hemisferio norte y de invierno para el sur”, mientras que la constelación de Andrómeda posee su mejor época de visibilidad en otoño. El resultado de todo esto es que durante un año completo, mientras la Tierra va girando al rededor del Sol, unas constelaciones se van haciendo progresivamente visibles mientras que otras se van acercando al Sol y por tanto haciéndose invisibles. Este ciclo se repite cada año igual. Constelaciones Actuales Son 88 las zonas que, en la actualidad, se aceptan mundialmente para dividir todo el cielo, y fueron definidas por la Unión Astronómica Internacional IAU ( por sus siglas en Ingles ) para delimitar con precisión las diferentes regiones de la esfera celeste. Pero el concepto científico actual de las Constelaciones difiere del que se tenía anteriormente y del que aún persiste a nivel popular, hoy en día son consideradas por los Astrónomos como áreas fijas en el cielo limitadas por líneas que son paralelas al ecuador y a los meridianos celestes; a diferencia de los arreglos o configuraciones de estrellas formando las figuras de animales u objetos como las veían los Babilonios o los Caldeos. Remontan sus tradiciones a tres antiguas civilizaciones: la mesopotámica, la egipcia y la griega. Antiguamente tenían gran importancia el dibujo o la representación de la constelación, las estrellas se distinguían apenas de las mismas. Posteriormente ha sido al revés las estrellas se destacan sobre imágenes apenas indicadas, cuyo objetivo era más bien señalar los límites de la constelación. Claro está que la representación por imágenes es sólo elemental, pero ha sido origen y guía de los límites precisos adoptados más tarde por la IAU. El origen de las Constelaciones en el Paleolítico: a.c.

Numerosos autores han intentado ver vestigios de constelaciones en culturas prehistóricas. A este respecto destaca el gran número de pueblos distribuidos por todo el hemisferio norte que ven en la constelación de la Osa Mayor este animal, por lo que sugieren que su origen se remonta al menos hasta unos años a.c, cuando los primeros seres humanos cruzaron a América por el estrecho de Bering. Algunos van más lejos y proponen la fecha del a.c. Como origen, coincidiendo con el culto paleolítico al oso de las cavernas. Otra constelación que podría tener un origen prehistórico es Tauro, pues algunos investigadores relacionan las pinturas de las cuevas de Altamira o Lascaux con mapas celestes, en los que destaca la figura de un toro (en realidad un auroch). Otros autores como Gurshtein, sugieren un origen prehistórico (16000 a.c.), no sólo de unas cuantas constelaciones, sino de un gran número de ellas. Se basa Gurshtein (ver al principio de esta pagina) en la aparente distribución de las constelaciones en la bóveda celeste según representen a animales aéreos, terrestres o acuáticos, estando los primeros alrededor del polo celeste (Cisne, Águila, ), y los últimos (Piscis, Acuario, ) cerca del ecuador. Para explicar este hecho propone una distribución según tres estratos (aire, tierra y agua) que dividirían la esfera celeste. Hace años, debido a la precesión, los signos del zodíaco encajarían perfectamente en esta división. Asimismo, se hace eco de la división parecida, arriba mencionada, del cielo en Mesopotamia (de donde proceden las constelaciones zodiacales, según vimos), donde la región alrededor del polo estaba dedicada a Enlil (dios de la atmósfera, entre otras cosas), la ecuatorial a Anu, y la sureña a Enki (dios de las aguas). Aunque en la zona asignada a Anu no concuerda con la hipótesis de Gurshtein, lo cierto es que ambas divisiones son bastante parecidas. Dice Gursthein: “En la cultura del Cro-Magnon del oeste Europeo ( a.c) se pueden encontrar las primeras evidencias de un conocimiento astronómico. Esta cultura de cazadores y recolectores es conocida por sus métodos de fabricación de utensilios de trabajo, instrumentos musicales y una notación simbólica, de esta época existe un grabado que ha sido interpretado como un calendario lunar. En el período Solutrense del Paleolítico superior ( a.c) cuando el arte de la piedra tallada alcanzó su máximo, fueron establecidas las primeras constelaciones, quizá en un principio, como grupos de 7 estrellas brillantes. Después durante el período Magdaleniense ( a.c ) los grupos estelares se desarrollaron en 3 estratos simbólicos de los mundos, bajo, medio y superior ; criaturas del agua, la tierra y los cielos se convirtieron en la base de las representaciones celestes. De todas formas esta hipótesis, y otras semejantes, van muy lejos teniendo en cuenta los escasos datos que tenemos a nuestra disposición, aunque no dejan de ser sugerentes. Las Constelaciones en el Neolítico Cerca del año a.c. La edad del hielo terminó, épocas más cálidas cambiaron los paisajes y los agricultores remplazaron a los cazadores y los recolectores. Se hizo entonces necesario un seguimiento más preciso del movimiento anual del Sol sobre el fondo estrellado. Los observadores se dieron cuenta de que había cuatro lugares sobre la trayectoria solar que se distinguían pues marcaban, dos de ellos, la máxima y mínima alturas que alcanzaba el sol sobre en el cielo, y los otros dos tenían relación con la equilibrada duración del día y la noche. Eran los puntos de los solsticios y los equinoccios de esa época.

Las Constelaciones en el Período Histórico: Mesopotamia Desde el punto de vista de la arqueoastronomía surge el problema de relacionar el cielo de época homérica con el de Ptolomeo. Efectivamente, en las obras de Homero y Hesíodo sólo se describen unos cuantos astros: la Osa (también descrita como el Carro), Orión, las Pléyades, las Híades, Arturo y Sirio. De dónde proceden el resto?. Para responder a esta pregunta, los arqueastrónomos han analizado las constelaciones de Ptolomeo. Y es que si se representan las constelaciones clásicas, éstas no están distribuidas teniendo como centro el polo celeste, sino que se hayan desplazadas. Sin duda esto es debido a la precesión, lo que indica que las constelaciones de Arato fueron descritas en una época anterior. Los diversos estudiosos sobre el tema proponen unas fechas alrededor del a.c. (Ovenden), para una latitud de unos 36º N. En cuanto al lugar de origen, la cuestión es más complicada. Aunque muchos arqueoastrónomos sitúan su origen en Creta (influidos por muchos escritores clásicos, como el propio Eratóstenes, que atribuía un origen cretense a las Osas), lo cierto es que desde el punto de vista histórico, tal hipótesis es difícil de sostener. Más probable parece situar su origen en la costa levantina, en concreto a los fenicios (Belmonte), ya que por su posición geográfica estaban en contacto con la astronomía y mitos mesopotámicos, así como los procedentes de Siria, Egipto o Anatolia. Además son conocidos los contactos culturales entre griegos y fenicios en la primera mitad del primer milenio a.c., gracias a los cuales los primeros conocieron, entre otras cosas, la navegación de altura y el alfabeto. A este respecto conviene recordar que tanto Arato como Eudoxo eran originarios del sur de Anatolia, por lo que sin duda conocían las tradiciones astronómico-mitológicas de la zona, así como las mesopotámicas, sirias, cananeas y por supuesto, griegas. Está claro que para analizar el origen de las constelaciones hay que referirse obligatoriamente a la astronomía mesopotámica. Por el año 5600 a.c., probablemente en la antigua Babilonia, fueron creadas 4 constelaciones para marcar los grupos estelares sobre los cuales se encontraban estos puntos, los equinoccios y los solsticios. Éstas son las modernas Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis. Miles de años después debido al movimiento de precesión del eje de rotación de la tierra los puntos equinocciales y de los solsticios quedaron fuera de estas constelaciones y cerca del año 2700 a.c. Se crearon 4 nuevas dentro de las cuales quedaban entonces dichos puntos, nacieron así Tauro, Leo, Escorpio y Aquario, y más tarde y por la misma razón cerca del año 1200 a.c. Se crearon Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. Todas estas 12 constelaciones seguían reflejando en sus nombres los tres estratos simbólicos de los mundos.” En las diversas civilizaciones que surgieron entre los ríos Tigris y Éufrates es donde se debe buscar, con toda seguridad, el origen en la cultura occidental de dibujar figuras a partir del cielo. Los mitos sobre dioses y héroes se asocian rápidamente a las estrellas y planetas más importantes. Curiosamente, desde tiempos muy remotos hasta las épocas más recientes, los planetas son considerados como los principales dioses, dejando a las constelaciones el papel de dioses secundarios (o como asociación alternativa de los principales) o los protagonistas de importantes mitos. La primera referencia escrita a un astro, se encuentra en una tablilla del 2500 ac: se nombra a las Pléyades como “Mul-Mul” (“Mul” significa “astro”, por lo que se hace referencia al “astro por excelencia”). Es en el período babilónico antiguo ( ac), cuando se encuentran ya las primeras observaciones astronómicas

Tanto el origen fenicio como el minoico (o quizás compartido) se enfrentan a un problema, y es lo poco que sabemos de los conocimientos astronómicos de estos pueblos. Además es posible también que haya varios orígenes posibles para este grupo de constelaciones. De todas formas, investigaciones actuales relacionan a los minoicos con otros pueblos preindoeuropeos como los etruscos, iberos y los vascos, que serían los restos de un sustrato de pueblos relacionados lingüísticamente que habitaron por todo el Mediterráneo antes del segundo milenio a.c., por lo que quizás estaríamos ante la cultura creadora de parte de las constelaciones. Posteriormente serían los griegos, u otro pueblo ( los fenicios?), los que fundirían ambas tradiciones alrededor del siglo VI a.c.. Así, parece que las constelaciones más antiguas tendrían su origen en Mesopotamia durante el cuarto milenio a.c., pero surge la pregunta: no es posible remontarse más atrás en el tiempo?. Naturalmente, al hacer esto nos introducimos en la prehistoria, por lo que la falta de documentos que ello conlleva parece un obstáculo prácticamente insuperable. Las Constelaciones bajo el Imperio Egipcio En los mitos egipcios, al contrario que sucedía en los mesopotámicos, las estrellas son consideradas dioses o “almas” (ya sea con las estrellas formando grupos o individualmente), considerando a los planetas como de menor relevancia (esto es en términos generales). La gran importancia que la Astronomía tuvo en esta civilización se manifiesta en la elaboración de complejos calendarios desde épocas remotas (posiblemente ya desde el 3200 ac). El año egipcio se inicia con el orto helíaco de Sirio (Sepedeth): es la primera visión que se tiene en el año de la estrella al amanecer. Esto coincidía aproximadamente con el momento en el que el Nilo inicia su crecida anual, por lo que es evidente la importancia de este hecho en la vida de la civilización agrícola egipcia. Las constelaciones egipcias no se corresponden con las mesopotámicas. Representan divinidades, aunque alguna de éstas se asocia frecuente con estrellas individuales (Sirio, por ejemplo, era Isis). La manera como las constelaciones eran construidas variaba con la época (Osiris fue Orión completo algunas veces, el Cinturón de Orión otras), así como la divinidad atribuida a cada constelación (el mismo Orión fue tanto Osiris como Horus, su hijo). Esto sugiere que las constelaciones en el antiguo Egipto no tenían el marcado carácter figurativo que en Mesopotamia. Ejemplos de constelaciones y asterismos importantes en algún momento del Egipto antiguo serían los siguientes: 1) Orión: identificado principalmente con Osiris. Es la constelación más importante. 2) Canis Major: Sirio es asociado a la diosa Isis. Por extensión, toda la constelación se asociaba a la representación de la diosa como una vaca. 3) El asterismo del Carro: era la “Pata” del buey Mesenkhti, una constelación de mal augurio. 4) Bootes: era la representación de la diosa Epet, guardiana de la “Pata de Buey”, divinidad benéfica y “señora de talismanes”. La elección de correspondientes mesopotámicos de constelaciones es en todo caso casual, originado sin duda por la evidencia de las formas que las estrellas más brillantes originan en el firmamento. Los mitos egipcios no pasaron a la cultura clásica ni por ende a las constelaciones griegas, romanas y actuales. Una excepción, no obstante, aparece en el caso de Ophiucus, nombre que estaría asociado a antiquísimos mitos egipcios y que pasaría a los cielos como importante divinidad en tiempos romanos. Las Constelaciones en el Período Helénico Ya para el año 275 ac. El poeta griego Aratus mencionaba en su Phaenomena 48 constelaciones incluyendo las Pléyades y el Arco de Orión, en el año 140 a.c. Hiparco hablaba de estas mismas 48 constelaciones las cuales aparecieron publicadas en el año 150 de nuestra era en el libro el Almagesto escrito por el astrónomo griego Ptolomeo. Los pueblos que navegaban el Mediterráneo ya desde antes del siglo X ac utilizaron las estrellas para orientarse en sus navegaciones lejos de las costas. Algunos estudiosos sostienen que el origen de las constelaciones no debería buscarse en la Astronomía practicada por los pueblos mesopotámicos, si no en la civilización minoica y fenicia anterior al primer milenio ac. De estos pueblos pasarían constelaciones utilizadas por los marinos para orientar sus barcos en las noches a la cultura aquea y helénica posteriores. Las primeras referencias escritas sobre el tema se encuentran en la obra de Homero. Tanto en la Ilíada como en la Odisea hace referencia a diversas constelaciones: Orión, la Osa, las Pléyades y el Boyero. Además, ofrece ya Homero el nombre alternativo del Carro para la Osa Mayor, cosa que nos puede dar idea de la importancia que se daba a esta constelación para localizar el norte. Los fenicios usaban para navegar la Osa Menor, testigo más fiel del norte estelar, llamándola “Cinosura”, según palabras de Arato. La base de la mitología griega se remonta como es sabido a las obras de Homero y Hesíodo. Homero vivió en el siglo VIII o IX a.c. Y sería eternamente famoso por ser el autor de La Ilíada y La Odisea, consideradas el fundamento de la cultura griega. La Ilíada narra en veinticuatro cantos o versos una parte de la guerra entre griegos (aqueos) y troyanos. La Odisea está constituida por otros tantos veinticuatro cantos y versos, donde se narra la búsqueda de Ulises (Odiseo en griego) por parte de su hijo Telémaco, así como las diversas aventuras de Ulises para llegar a su patria en la isla de Ítaca. Hesíodo vivió en el siglo VIII a.c. Y sus obras más importantes fueron la “Teogonía” y “Trabajos y días”. En la primera, y como indica su nombre, Hesíodo nos explica el origen del mundo y de los dioses, intentando racionalizar el panteón heleno. En la segunda incluye varios mitos de carácter social o moral, algunos de ellos, como el de Pandora, serán fundamentales en la cultura griega. Hesíodo vivió aparentemente en Ascra, Grecia continental, aunque nació en Asia menor, un hecho de decisiva importancia porque pone de relieve la influencia de religiones y mitologías orientales en la base de la mitología griega. De la vida de Homero prácticamente no sabemos nada, lo que ha dado pie a diversas hipótesis que sugieren que se trata de una figura ficticia creada por los griegos para aglutinar varias obras clásicas bajo un mismo autor. Y es que no debemos olvidar que los griegos en la época de ambos autores eran analfabetos y que su obra se creó para la transmisión oral. Fue precisamente una obra de Arato de Soloi, griego del Asia Menor que vivió entre los siglos IV y III ac, “Los Fenómenos”, la que compilaría todo el saber y las tradiciones que hacían referencia a las constelaciones. En esta obra, Arato recoge gran parte del saber astronómico de la época, describiendo las distintas constelaciones conocidas. Otro autor, que un siglo más tarde escribiría la obra “Catasterismos”, fue Eratóstenes de Cirene, que asoció a cada constelación un mito.

Por último, Claudio Ptolomeo asoció las constelaciones a estrellas concretas y perfectamente diferenciadas. Como hemos señalado, es en la obra de Arato en la que aparecen las constelaciones clásicas, algunas ya identificadas con mitos griegos. Las Constelaciones en la Edad Moderna: La época de los Descubrimientos Las constelaciones después de Ptolomeo: el Almagesto de Ptolomeo fue la obra cumbre de la astronomía hasta el Renacimiento, cuando las nuevas investigaciones y rutas marítimas cambiarían el aspecto del cielo. Los Fenómenos y el Almagesto fue traducido por los árabes en numerosas ocasiones durante los siglos X-XV, los cuales desarrollaron una importante actividad astronómica, en la que destacan los astrónomos Al Battani (Albatagenius, , aprox.) Y Al Sufi ( ), así como las Tablas Toledanas del siglo XI, confeccionadas por Al Zarqali, o las famosas Tablas Alfonsinas, redactadas por orden de Alfonso X de Castilla ( ) gracias a los conocimientos aportados por los musulmanes de Al Ándalus, que ayudaron a diseminar por toda Europa el saber astronómico que se había perdido tras la caída del Imperio Romano. Aparte de la descripción de constelaciones, durante la antigüedad ya se intentó representar gráficamente las estrellas, aunque pocas obras nos han llegado. Destacan entre ellas las esferas celestes, globos donde las constelaciones se representaban al revés, es decir, como si el observador estuviera situado fuera de la esfera. Es representativo el Globo de Farnese, que data del año 70 a.c., en el que aparece Atlas sosteniendo los cielos. Otra forma de representar el cielo fue la esfera armilar, que en vez de un globo sólido, era una estructura abierta en la que sólo figuraban círculos de coordenadas. Uno de los primeros intentos de realizar un mapa celeste con cierta exactitud fue llevado a cabo por el artista alemán Albrecht Dürer en 1515, aunque la primera vez que se plasmó la esfera celeste en un mapa de forma precisa con métodos de proyección fue con Johann Bayer ( ), abogado y aficionado a la astronomía bávaro. Esta tarea es más complicada de lo que pudiera parecer, ya que representar una esfera (tres dimensiones) en un mapa (dos dimensiones), requiere unos conocimientos matemáticos mínimos si se quiere obtener un resultado no muy distorsionado. Bayer se basó en las observaciones del astrónomo y noble danés Tycho Brahe ( ), el cual obtuvo posiciones más precisas (hasta un minuto de arco) que las del Almagesto, pese a trabajar también a simple vista. Tycho dio a la Cabellera de Berenice la categoría de constelación (aunque el asterismo era conocido desde la antigüedad). Tycho entraría en la historia por la puerta grande al suministrar los datos necesarios para que Kepler desarrollase su revolucionaria teoría acerca del movimiento de los planetas. Realizó sus observaciones desde un palacio al que denominó Uraniborg ( Castillo Celeste ), en la isla danesa de Hven, cedida por el rey Federico II. Los datos de sus observaciones fueron publicados en el catálogo Progymnasmata (1602), que incluía 777 estrellas, luego ampliado con 223 estrellas más. La obra de Bayer fue denominada Uranometria (publicada en 1603) e incluía doce nuevas constelaciones sureñas (aunque no tenían la misma precisión, ya que para éstas Bayer carecía de datos de Tycho), en gran medida gracias a las observaciones que los navegantes holandeses Pieter Diricksz Keyzer y Frederick de Houtman realizaron en sus expediciones de los años Las nuevas constelaciones eran: Phoenix (Fénix), Columba (Paloma), Grus (Grulla), Doradus (Carpa Dorada), Volans (Pez Volador), Musca (Mosca), Triángulo Austral, Pavo, Indio, Tucán, Hidra Austral o Serpiente de Agua, Camaleón y Apus (Ave del Paraíso).

Bayer también introdujo la costumbre de denominar a las estrellas más brillantes de cada constelación con letras del alfabeto griego. Aunque en la mayor parte de casos siguió un orden decreciente de magnitud (“alfa” más brillante que “beta”, etc.), para ciertas constelaciones Bayer siguió el orden según la forma del asterismo, como es el caso de la Osa Mayor, o bien utilizó el criterio de denominar a a la estrella situada más al norte, como es el caso de Orión. Hay que destacar que Bayer no fue el primero en distinguir a cada estrella con una letra. Este honor le corresponde al italiano Alessandro Piccolomini, quien en su atlas De le Stelle Fisse (1540) introdujo letras latinas para cada estrella. El designar a cada estrella con una letra marcó una gran diferencia frente al método tradicional de describirlas según su posición respecto a la figura imaginaria de la constelación (por ejemplo, la estrella en la punta de la cola ). Esto explica el interés puesto en todos los mapas celestes por dibujar las figuras mitológicas de forma detallada, ya que cada astrónomo debía conocer bien la anatomía asociada cada constelación para identificar las estrellas correctamente. En 1624, el astrónomo alemán Jacob Bartsch añadió cuatro constelaciones nuevas: Reticulum (Retículo) (Bartsch la denominó Rombo, y fue introducida con el nombre de Retículo por Lacaille), Monoceros (Unicornio), Camelopardalis (Girafa) y Vulpecula (Zorrilla, constelación popularizada por Hevelius). Posteriormente, el alemán Johannes Hevelius publicó en 1687 el atlas Firmamentum Sobiescianum, basado en las mediciones de alta precisión realizadas por él mismo a simple vista desde la ciudad de Danzig (actualmente en Polonia), que publicó en un catálogo de 1564 estrellas llamado Prodromus Astronomiae, publicado en El atlas de Hevelius introdujo numerosas constelaciones: Canes Venatici (Perros de Caza), Lacerta (El Lagarto), Leo Minor, Lynx (Lince), Sextans (Sextante), Scutum (Escudo). El siguiente atlas celeste destacable fue el Atlas Coelestis de John Flamsteed ( ), el primer Astrónomo Real, basado en las posiciones medidas con telescopio publicadas en el Britannic Catalogue, también de Flamsteed. El astrónomo francés Joseph Jerome de Lalande ( ) introdujo el número de Flamsteed en una edición francesa del atlas. Este número se le asigna a las estrellas más brillantes de una constelación en orden de ascensión recta, y es independiente de la clasificación de Bayer. Lalande introdujo también una constelación que no tuvo éxito posterior: Felis (el Gato). En 1750 el abad Nicolas Louis de Lacaille realizó una visita al Cabo de Buena Esperanza para cartografiar con precisión las estrellas del hemisferio sur. Introdujo numerosas constelaciones: Sculptor (originalmente Taller del Escultor), Fornax (Horno), Caelum (Buril), Pictor (originalmente se denominó Caballete del Pintor), Pyxis (Brújula), Antlia (Máquina Neumática), Telescopium, Microscopium, Norma (Regla), Reticulum, Horologium (Reloj), Circinus (Compás), Mensa (Monte de la Mesa, situado al sur de la Ciudad del Cabo, donde Lacaille realizó sus observaciones) y Octans (Octante, la constelación donde está situado el polo sur celeste). Es destacable también el trabajo del alemán Johann Elert Bode ( ), autor del atlas Uranographia. Esta fue la primera obra en la que aparecieron fronteras para delimitar las constelaciones.

Todas estas tradiciones fueron ensambladas por los griegos de la época helenística y utilizadas en los tiempos modernos por todos los astrónomos. Un último pueblo sería de gran importancia en este tránsito: los árabes, que a partir del firmamento clásico adaptarían gran parte de las constelaciones. Su más destacada aportación es la de poner nombre a la mayoría de las estrellas que lo tienen (a parte de la clasificación de Bayer, claro está), algunas veces haciendo referencia a antiguas tradiciones árabes y en la mayoría de las restantes refiriéndose a mitos clásicos. En 1922 la Unión Astronómica Internacional (IAU), fijó la lista definitiva de 88 constelaciones en la primera asamblea general de la organización. En 1930, gracias al trabajo del belga Eugene Delporte, se delimitaron claramente las fronteras entre ellas (en muchos casos, de forma inevitable, el criterio fue bastante subjetivo), siguiendo las coordenadas de ascensión recta y declinación correspondientes al equinoccio, con lo cual dichas fronteras se van desplazando respecto al sistema de coordenadas actual debido a la precesión. Las Constelaciones del Mundo Antiguo Se sabe que muchos pueblos identificaron de manera distinta a las estrellas principales de las constelaciones, pero la herencia helénica se impuso sobre las otras culturas y de todas las conocidas, la IAU aceptó 48 constelaciones, cuyo origen se pierde en la historia. La lista actual se remonta a 50 constelaciones, ya que el antiguo Navío Argos, fue dividido en Popa, Quilla y Vela. Las constelaciones son: Acuario, Aguila, Altar, Andrómeda, Balanza (Libra), Ballena, Boyero, Can Menor, Can Mayor, Cangrejo (Cáncer), Capricornio, Carnero (Aries), Casiopea, Cefeo, Centauro, Cisne, Cochero, Crater, Corona Austral, Corona Boreal, Cruz del Sur, Cuervo, Delfín, Dragón, Erídano, Escorpión (Escorpio), Flecha, Gemelos (Géminis), Hércules, Hidra, León, Liebre, Lira, Lobo, Ofiuco, Orión, Osa Mayor, Osa Menor, Peces (Piscis), Pegaso, Perseo, Pez Austral, Popa*, Quilla*, Sagitario, Serpiente, Toro (Tauro), Triángulo, Vela*, Virgen (Virgo). El Aporte de los Astrónomos de la Edad Moderna Uno de los primeros astrónomos que comenzó con la creación de constelaciones en la era moderna fue Tycho Brahe, quién a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, separó el asterismo de Cabellera de Berenice de la constelación de la Virgen y la convirtió en constelación. En el año 1603, Johanes Bayer presenta su Catálogo de Estrellas en donde se evidencian la época de viajes hacia los mares del Sur y los descubrimientos que se realizaron. En el catálogo se encuentran once constelaciones nuevas: Ave del Paraíso, Camaleón, Dorado, Fénix, Grulla, Hidra, Macho Indio, Pavo, Pez Volador, Triángulo Austral, Tucán. En 1687, Johanes Hevelius en su Catálogo de Ggansk, Polonia, inserta once nuevas constelaciones: Escudo, Jirafa, Lagarto, Lebreles, León Menor, Lince, Mosca, Paloma, Raposa Sextante, Unicornio. A mediados del siglo XVIII, Nicolás de Lacaille introduce catorce constelaciones: Brújula, Buril, Compás, Escuadra, Escultor, Horno Químico, Máquina Neumática, Mesa, Microscopio, Octante, Pintor, Reloj, Retículo, Telescopio. La Anarquía llega a las Constelaciones Durante los siglos XVII y XVIII se produce lo que podríamos denominar el asalto del cielo por parte de aduladores y eclesiásticos. Astrónomos, algunos de renombre, comenzaron a colocar a reyes y reinas con la finalidad de obtener beneficios económicos para sus estudios y observaciones.

Objetivo

 

Dar a conocer lo divertido e interesante que es observar el cielo en noches despejadas y tranquilas para formar diversas constelaciones en las 4 estaciones del año como: Orion, Can menor, Can mayor, Tauro, Géminis, Virgo, Leo, entre otras y dibujarlas en el cielo con mi imaginación

Justificación

Este tema me interesó por que al voltear al cielo veía muchas estrellas y me preguntaba qué significado tenían.

Al empezar a investigar fui descubriendo datos interesantes sobre las constelaciones, en saber como las utilizaban nuestros antepasados para la navegación y su ubicación, la localización de astros, galaxias y otros cuerpos celestes; utilizando seres mitológicos, dioses y animales.

Hipótesis

Si al observar el cielo uno puede dibujar líneas imaginarias y crear imágenes de seres mitológicos; entonces, podremos identificar fácilmente varias constelaciones uniendo las estrellas e igual observando la esfera celeste.

Método (materiales y procedimiento)

Fui a un al Planetario y al Universum para investigar sobre las estrellas y las constelaciones para saber cómo se formaron, para que sirven e incluso para en que nos ayudan.

En el Planetario observe como las estrellas se unen con líneas imaginarias para formar una constelación.

En el Universum aprendí que las constelaciones se dividen en las 4 estaciones del año {primavera, Verano, Otoño e Invierno}.

También supe que algunos planetas forman parte de algunas constelaciones.

 

Galería Método

Resultados

Obtuve información sobre las constelaciones, como se fueron formando, cuantas hay e incluso para que les sirvieron las constelaciones a  los navegantes en la antigüedad y ahorita en el presente.

También puedo reconocer constelaciones a simple vista, algunas constelaciones de invierno, verano, otoño  y primavera como: Orión, Can menor-mayor, Tauro Géminis, y Unicornio.

Se realizó una encuesta a 30 personas, con el objetivo de saber qué cantidad de entrevistados tienen conocimientos sobre las constelaciones.

Galería Resultados

Discusión

Conclusiones

Bibliografía



PK – 109- EN LAS CONSTELACIONES: IMAGINANDO EN EL CIELO

Summary

Research Question

Problem approach

Background

Objective

Justification

Hypothesis

Method (materials and procedure)

Results

Discussion

Conclusions

Bibliography